martes, 7 de julio de 2009

Jibun no Unmei Cap XXXIX

Bueno, como quiero acelerar el fic que se ha atrasado bastante, y ya culminarlo, pues aquí voy a ponerles un cap más. Si se preguntan porque el título no es la continuación del anterior, es porque simplemente no continúa la misma parte XDDD Hasta luego. (Y antes de que te quejes Akari, este es otro cap corto ;) XDDDD)




Jibun no Unmei Cap. XXXIX Ardid.


Sin contratiempos y sin nada que cansase la errática forma de llevar las cosas a cabo. Fujimoto se encontraba en la cima de todos sus planes sin nada que interrumpiese alguno de ellos.


El ir y venir de Nagi ya no era sospechoso en ninguna forma, era el enlace entre él y Shizuru, quién a su vez no desconfiaba para nada.


-Qué es esto? – preguntó mientras miraba una pequeña maleta que Nagi había llevado.

-Ah, eso es de Kuga – contestó el otro sin inmutarse.

-Y qué se supone que debo hacer con todo esto? – contestó Sei en forma de reproche.

-Comerlo quizá – contestó Nagi de nueva cuenta mientras se encogía de hombros.



Sei miraba la maleta sin saber que más refutar. Esa idiota de Kuga. ¿Qué se suponía que debía hacer con tres botellas de mayonesa?


Sabía que Nagi se estaría revolcando de risa en su interior, a pesar de su rostro sereno y relajado. Alejó la pequeña maleta a un lado y miró en ese instante a Nagi.


-Has traído lo que solicité?

-Si, Sei-sama – contestó Nagi mientras del interior de su uniforme sacaba un pequeño sobre – Son los últimos recibos de Shinji-sama.

-El viejo ha gastado mucho dinero, no es así?

-Lo habitual, ya sabes, siempre tiene que mantenerles la boca cerrada en la mayoría de esas cosas.

-Mmm – mascullaba Sei mientras leía una interminable lista -Bueno, creo que debo encargarme de esos pequeños detalles también

-Es decir que Sei-sama por fin hará movimientos?

-Los clásicos que siempre se tienen que hacer Nagi. Puedes retirarte.

-Como diga – contestó Nagi mientras empezaba a irse.

-Una cosa más Nagi.

-Si?

-Llévate esto – dijo Sei mientras le regresaba la maleta.

-Pero…¿qué se supone que debo hacer con esto? – preguntó Nagi.

-Yo que sé – contestó Sei mientras lo miraba – Comerlo quizá – remató mientras se encogía de hombros.



Nagi se encogió de hombros también y dio media vuelta mientras Sei se contenía una risotada que le estaba ahogando. Sólo la dejó salir cuando Nagi estuvo ciertamente fuera de su vista.


-Ah, eso fue agotador – soltó luego de dar un hondo suspiro y dejarse caer sobre su sillón.


Miró nuevamente los recibos en sus manos y frente a sus ojos, llamas parecían bailar frente a sí. Intensas, hambrientas. Esas llamas humeando sobre un cuerpo, calcinándolo. Era una sensación que oprimía el interior, era angustia de querer ayudar y no poder.


Sei se incorporó. Ese suceso le dejaba respirando a bocanadas una y otra vez. Era una desgastante visión que nublaba cada vez más su cansada mente. Respiró nuevamente. En su cabeza daban mil vueltas escenas que conocía a la perfección.


Ciertamente tenía que acabar con todo ello a como diera lugar. Tomó el teléfono e hizo una llamada.





-No te parece lindo, Natsuki? – preguntó Shizuru al entrar a su nueva habitación.

-Lo que no entiendo es porque quisiste mudarte a este lugar, Shizuru.

-Sei aceptó que antes de el enlace nos traslademos a este sitio. Fuera del bullicio de la ciudad.

-Fujimoto parece ser muy complaciente.

-Sei ganará mucho con todo esto, además, no está gastando en nada, este lugar es suyo.

-O sea que estaremos de arrimadas en este lugar?


Shizuru volteó a ver a Natsuki, entendía su enfado, pero nada podía hacer al respecto. Sei había sido demasiado condescendiente para permitirles estar juntas.


Shizuru le dio un cálido beso a esa persona cascarrabias q tanto amaba. Aquella chica de los ojos verdes, siempre tenía ese gesto molesto que cambiaba en su presencia y era lindo saber que también sonreía. Sonreía para ella y por ella. Eso realmente le gustaba a Shizuru.


Aquel espíritu libre le permitía alcanzarla. Inclusive en esos momentos tras su jaula, Shizuru pensaba que esta se había hecho más grande. Si, definitivamente era mucho más grande, inclusive ella se sentía con mucha libertad.


Sonrió de verle la cara visiblemente consternada. Sin duda alguna era irresistible con esos gestos. Le dio un suave beso en la frente antes de invitarle a un recorrido por el lugar. Ajena a los dispositivos que realmente existían en los alrededores.




Sei miraba cada una de esa imágenes cómodamente, todos los accesos y pasillos, nada en los rincones personales ser un fisgón no estaba en su meta. Un email llegó justo en el momento preciso. Un informe más detallado acerca de las personas allegadas a Fujino Shin.


Sonrió quedamente mientras miraba cada nombre en esa lista reducida. También gente a la que el mismo Fujino pagaba para deshacerse de algunos problemillas que surgiesen.


Todo ello manejado de una forma tan tranquila como habitual. Sin duda ello representaba una manera tranquila de mirar las cosas desde cierto ángulo. Había recabado conscientemente cada paso que daba la familia Fujino desde dos años atrás. Cada movimiento suyo era sin duda una manera de dedicarse a presentar movimientos un tanto vanos y en cierta forma, fuera de lugar.


Y en su mente, el ir y venir de esas llamas, gente gritando, otras llorando. Los sonidos de esa noche tan infernal aparecían una y otra vez. Sólo tenía una forma de acabar con todo ello. Pero por ahora tenía otras cosas de que ocuparse. Preparar todo lo indispensable para que Fujino experimentase el dolor de perder a alguien más. A su única heredera. Claro que primero, debía obtener el apellido.


Seguro que a Fujino-sama no le importaría mientras en su lecho de muerte siguiese viendo su empresa como una de las más grandes que existían. A ese vejete, le valía un comino la vida de su propia familia con tal de satisfacer su arrogante ego.


Volvió a sentarse y repasar una vez más las cifras. Era hora de hacer una visita a viejas amistades. Dió un largo suspiro y respiró hondo nuevamente.


Miró sus manos. Parecía recordarle algo que no estaba seguro de que se tratase. Sangre. Si, tenían sangre, sangre que había valido la pena por un poco de paz interior. qué importaba mancharlas de nuevo. ¿Acaso no sería por una buena causa? Eso independientemente de quién se viese en la causa.


Sonrió. Valdría la pena. De eso estaba seguro. Su arrogancia era tan grande como la de Fujino y si tenía que llevarse a Shizuru de por medio...

-Lo vale mucho más - musitó brevemente antes de tomar el teléfono de nueva cuenta y llamar a alguien más- Necesito que me hagas un favor...




Sakomizu miraba el jardín que tenía frente a sí. Embaucar a alguien no era de sus estrategias más genuinas, pero debía apegarse a la regla y volverse amigo de Kuga Natsuki, aquella chica rebelde e indomable.


Aquella pequeña bribona que bien podía slatarse todas las clases y aprobar con una facilidad que hablaba de su gran cerebro.


-Lastima que no lo demuestra en absoluto - comentó mientras meneaba la cabeza negativamente - sin duda alguna es hija de Kuga Takashi - seguía mientras se rascaba la cabeza en su estilo afro que parecía nido de alguna ave.


Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se había dado cuenta, que todas sus palabras habían sido escuchadas por Akira, que se encontraba leyendo un libro tras un árbol cercano. Miraba a Sakomizu debatir sobre algo relacionado con Kuga. Había escuchado bien. Kuga Natsuki, tenía la certeza de haber escuchado claramente a Sakomizu.


Este pareció sentir la mirada, pues volteó a ver para ese lugar. Se acercó a ese árbol y observó, no había nadie en ese lugar, estaba él únicamente. Miró los alrededores. Ahora estaba solo. Pero antes había alguien. Lo supo porque el pasto en esa zona estaab caliente y marcado aún.


Sakomizu miró lentament euna vez más. Nadie cerca, ni remotamente. Esto era raro. Se retiró de allí con su caminar lento, sin advertir que desde las alturas, alguien lo observaba profundamente.

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