lunes, 10 de noviembre de 2008

sketch final

Bueno seguimos malcriando al "bebé" proporcionando otra sobredosis de yuri; os dejo con el final de Sketh el oneshot de Akihito Yoshitomi, traducido y publicado por conloshuews muchas gracias y espero que lo disfruteis tanto como yo; bstos

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domingo, 9 de noviembre de 2008

Rojo sobre rojo Capítulo 2 (Parte 1)

Como regalo del fin de semana, otro emocionante episodio de esta genial historia. Vaya que me encantan las chicas con pistolas. En fin, sin más preámbulos, que lo disfruten...

Capítulo 2. Rojo sangre

Autor: Kouryuu Shizuka

~ Capitulo 2~ Parte 1
"Rojo sangre"


Los días siguientes Mia no quiso apenas salir de casa, y si lo hacía... era para ir al instituto, y no sin más gente a su alrededor, pero no por petición de su padre, sino por la suya propia.

No quería... que volviera a ocurrir... además... ese día Sven conducía el Rolls justo cuando fue a recogerla a la institución para ir a casa de nuevo, y no Nyssa, cosa que le extrañó y preocupó.

- ¿Y Nyssa? - Mia se adelantó un poco hasta poder apoyar los brazos entre los asientos delanteros.
- Mia... vuelve a tu asiento...
La chica se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en él, cruzándose de brazos.
- Vale... ¿pero dónde está? No le habrá pasado nada, ¿verdad?
Sven sonrió.
- Es increíble en como te preocupas por ella cuando hace unos días la criticabas...
- ¡Sven! - Mia perdió la paciencia y gritó.
- Pidió el día libre para sus cosas... aunque cuando salí de casa aun estaba allí, así que quizá la veas al llegar...

¿Un día libre?
Vaya, era el primero que pedía en tanto tiempo... ¿adónde iría? ¿Qué haría...?
Se moría de ganas y no sabía como podría saberlo...

Nada más cruzar la puerta de entrada Mia pudo ver como al otro lado, donde solían aparcar los coches, se encontraba el precioso jaguar propiedad de su padre. Algo extraño ya que sólo él lo sacaba y conducía y precisamente en esos momentos no estaba en la casa; como de costumbre.

- ¿Qué hace el jaguar afuera?
- Tu ídolo lo va a usar.
Mia se ruborizó inmediatamente y tratando de disimular salió del coche nada más parar.
- No sé de qué me hablas - dijo finalmente, y tras recibir saludos de dos hombres de negro que había en la entrada, se metió en la casa.

Sven hizo una mueca de risa mientras dejaba el coche a otro chico para que lo aparcase y siguió a la chica dentro de la casa.

- Lo que tú digas... - dijo por lo bajo.

Aunque Mia sabía que Sven tenía razón.

Desde ese tiroteo... Nyssa, si antes era fría, ahora parecía que no existiera para ella. Ni la dirigía esas escuetas palabras, la seguía, pero en completo silencio, y se limitaba a su trabajo como chofer y guardaespaldas fuera de la casa... Aunque el daño no era ese, el daño era que después de ese instante de haber sentido el calor de su cuerpo, no se molestó ni en preguntar cómo estaba, a pesar de que seguro la oía llorar en las noches. Se había impresionado demasiado con aquel suceso... La verdad es que mucho, pero más le dolía aquello.

Al pasar por la puerta de su habitación un delicioso aroma llegó hasta ella...procedente de ese cuarto... cuando nunca había olido algo como eso relacionado con Nyssa. Aunque antes de querer averiguarlo escuchó que se iba a abrir esa puerta y se apresuró a meterse en su habitación.. y mirar por entre una rendija como salía esa mujer al pasillo. Iba diferente. Totalmente diferente aunque el rojo y el blanco predominaba en su vestuario... al menos el que se veía justo debajo de ese abrigo: unos pantalones rojos y unas botas de tacón de aguja blancas. Quería ir con ella. Cielos, ¡iría con ella!

Tantas veces queriendo ir a conciertos con sus amigos o a dar un simple paseo le habían llevado a espiar detenidamente los cambios de guardia, los agujeros de seguridad que pudiera haber... pero... nunca se había escapado por pereza quizá.

Nunca.
No hasta ahora.
No hasta ese momento.
Mia se quitó rápidamente el uniforme escolar y puso en su cuerpo ropa oscura apresurándose todo lo que pudo. Con agilidad se deslizó en los pasillos de la casa sin ser vista hasta que pudo llegar al aparcamiento sin ningún problema... Allí aun estaba el jaguar, preparado para Nyssa... así que lo que hizo fue abrir el maletero y meterse dentro de él, sin llegar a cerrar del todo después para poder salir luego.

El corazón le latía con fuerza en la espera a que el auto arrancara... hasta que pudo sentir el abrir; en sentar del conductor y el cerrar de la puerta... y el encender del motor.
El viaje fue largo y en aquella posición comenzaba a dolerle la espalda. Al meno debía de dar gracias a que era pequeña o sino no habría podido entrar en ese lugar.

Tras pensar en que eso había sido una total locura, el coche se detuvo y la notó bajar. Unos minutos después Mia consideró que fue bastante tiempo como para poder salir.
Nada más tocar el suelo se cercioró de que lo cerraba y miró a su alrededor.

El jaguar estaba aparcado en un sitio al aire libre. Un aparcamiento aun así privado en donde el lujoso auto estuviera a salvo de robos... y no había nada más allí que un gran edificio donde entraba mucha gente joven y otros no tan jóvenes...
"Deseo", ése era el nombre del club.

Tras pagar una entrada y presentar un carnet que certificaba su mayoría de edad, logró entrar al lugar. La verdad es que no era nada del otro mundo. Mesas acomodadas en una parte, sillones ocupando otras partes, barras donde servían la bebida; una enorme pista de baile con un pinchadiscos algo más que excepcional (según su gusto) y unas escaleras que subían a las plantas de arriba con dos tipos muy grandes vigilándolas. Casi podían hacer competencia con los que había en su casa, así que pensó que eso era zona restringida y mejor era no acercarse.

Tras un empujón decidió que lo mejor era buscarla, pero por más vueltas que diera en esa enorme sala envuelta en la poca luz, no la encontraba, así que lo mejor sería sentarse en la barra, pedir algo y esperar. Sino tomaría un taxi a casa y ya inventaría una excusa de cómo pudo salir de ella.

- Wow, ¿has visto a esa preciosidad? - escuchó Mia en boca de uno de los que estaba cerca de ella, pidiendo un trago.

Algo aburrida, removiendo su bebida con una pajita, desvió ese par de ojos azules hasta la pista de baile... y dejó de jugar con lo que tenía entre manos en ese momento. El corazón se le disparó de inmediato contra el pecho y las mejillas le ardieron. ¿Qué era eso tan pequeño que lucía? ¿Y esos movimientos? Santo Dios, ¿en verdad era esa su témpano de guardaespaldas?

Nyssa se encontraba en la pista de baile, a solas, moviéndose de una forma provocativa con esa camiseta ceñida gris y esa falda del mismo color que era demasiado corta. Era la primera vez que podía ver los muslos contorneados de Nyssa sin la tela del pantalón por medio.... y esas botas blancas hasta la rodilla la hacían aun más sexy si se podía...

Aunque lo mejor era que su cabello lucía suelto, a lo largo de todo lo que era. Prácticamente a ella le parecía una Diosa... a pesar de que en boca de esos pervertidos escuchó la palabra zorra...

Por largo tiempo la estuvo observando y observando también como muchos cerdos se acercaban a ella con intención de tocar más de lo permitido... y como ella les rehuía con facilidad vestida con una sonrisa picarona...

En su interior, cada vez que veía ese gesto, gritaba "¡Bien!", pero en su interior también se estaban revolucionando más cosas que la satisfacción de ver como los rechazaba a todos.

Es más, su cuerpo entero había comenzado a palpitar por ella... y Mia apretó fuerte un muslo contra otro provocándose una deliciosa sensación. No podía ser... estaba excitaba a causa de una mujer... pero no de cualquiera, sino de ella, de su guardaespaldas.

Aunque... pronto se acabó su anonimato. En un momento esa mirada gris relució cuando se posó en la barra del bar y supo que la había visto al perder esa expresión traviesa.
Volvía a ser por un momento ese bloque de hielo... y entonces la vio mirar a un lado y otro y hacerle una señal con el dedo para que se acercara a ella. Como hechizada... Mia se acercó adentrándose en la pista de baile... teniéndola frente a ella por completo y la arrastró a un rincón de la pista obligándola a que bailara sólo con un gesto de su cara.

Por el momento no dijo más y la música era movida hasta que todo sufrió un giro. El ritmo de la música fue cambiando hasta llegar a lenta y Mia sintió que dejaba de respirar al ver como Nyssa comenzaba a bailar muy junto a ella.

La luz estaba muy baja y sol se veían las siluetas de las personas... El momento era tan mágico que Mia se dejó llevar por él ya que Nyssa había rodeado su cintura con las manos y ella sin saber como atrapó entre sus brazos el cuello de la mujer.

Los cuerpos se rozaban en cada movimiento y los rostros permanecían muy, muy cerca. Nyssa había cerrado los ojos y puesto su frente contra la de ella; las narices se frotaban y los labios estaban a milímetro de tocarse.

Mia pudo ver que ella movía sus labios tratando de decirle algo, aunque la situación la tenía ya demasiado excitada movió su cabeza suavemente para poder su oído frente a su boca y así poder escuchar.

- Me queda muy claro que me has seguido, Mia. Bravo niñita, conseguirás que nos maten a ambas.
¿Por qué?
¿Por qué tenía que tratarla siempre de esa manera cuando sólo quería acercarse a ella?
Cuando todo su ser suspiraba por ella...
Mia no podía soportarlo más... no podía... aguantar más... así que la besó. Electrizante fue la sensación que le recorrió el cuerpo nada más probar lo suave de aquellos labios y más ahí, frente a todas esas personas que hubiera en la fiesta...

Al principio pudo notar como el cuerpo de Nyssa se tensaba y trataba de apartarla, pero después de presionar un poquito más los labios de ella se abrieron y fue la que invadió su boca buscando fundirse con su lengua. Nunca se había besado con una chica y menos de esa forma tan devoradora en un lugar público como aquel... aunque lo mejor de todo era que Nyssa respondía... ¡y de qué forma!

Mia podía morirse en ese momento... sino fuera porque Nyssa la apartó deshaciendo el beso... aunque la visión fue aun más perturbadora.
Sus ojos grises estaban encendidos de algo que podía llamar lujuria y que nunca creyó ver en esos preciosos ojos...
Aunque todo volvió a cambiar de repente.

Las luces se encendieron iluminando toda la sala y la pasión de sus ojos dejó paso a la profesionalidad extrayendo de su bota blanca una pistola. Mira notó como la puso detrás de ella como protegiéndola de algo... y en efecto así fue. Escuchó disparos en dirección a ellas. Nyssa le había cogido del brazo y también estaba disparando... Ella la protegía de las posibles balas y una alcanzó su brazo. Mia lo vio sangrar pero no por eso Nyssa dejó de disparar acertando a varios hombres mientras le gritaba indicaciones que no entendía entre tanto nervio como podía llevar a cabo.

Al final supo que estaban algo a salvo cuando Nyssa la tiró dentro del coche y el jaguar arrancó alejándolas de allí.
- Y-yo...
- ¡¡Cierra la boca!! - le gritó Nyssa - Sino la cierras te juro que seré yo quien te meta la bala entre ceja y ceja - amenazó y siguió conduciendo entre la oscuridad de la noche que había caído.

Mia estaba temblando. No entendía nada de lo que estaba sucediendo. Todos esos disparos... El beso correspondido... Todo...

Después de un rato supo que ese no era el camino a casa, pero no dijo nada. Nada más se limitó a observar en silencio hundida en el asiento hasta que el coche se adentró en una zona residencial y condujo por las calles hasta detenerse frente a una preciosa casa de dos plantas.

Mia la siguió a través del jardín de la entrada y vio como sacaba una llave de un pequeño ladrillo suelto de la pared y con eso pudo abrir. Al entrar y encender la luz vio que estaba el sofá y una estantería con premios. A su izquierda un pequeño sillón, una cadena de música; una estantería con libros y varios exquisitos tapices... A su derecha una gran mesa delante de una pared de cristal, dos puertas al fondo, una escalera más adelante y otra entrada...

Nyssa se había acercado al lugar de la estantería y cogido el teléfono marcando un número.
- Soy yo - se identificó la mujer - Mia me siguió y lo echó todo a perder... Está conmigo, pero por esta noche no vamos a regresar. Sí. Es un lugar seguro.
Y después colgó para activar la alarma que estaba justo al lado y se volvió para observarla, mientras se recogía el cabello con esa goma que tanto comenzaba a odiar.

- ¿D-dónde estamos? - se atrevió a preguntar después de mucho estando observándose la una a la otra.
- Es mi casa, un lugar más seguro que la que tienes por hogar - respondió con sequedad - ¿Qué se te pasa por la cabeza, Mia?
Mia desvió la mirada al cualquier otra parte.
- Yo sólo quería... verte...
Nyssa se desesperó con ese gesto.
- ¿Por qué estás tan empeñada conmigo?
Mia frunció el ceño en un gesto que pareció dolor.
- Porque yo... te quiero...

Nyssa no pareció sorprenderse.
¿Amor?
Esa chiquilla estaba mal de la cabeza.

- En vez de pensar en esas cosas deberías de comenzar a pensar en el por qué de que nos hayan disparado a boca jarro en la discoteca - sentenció la mujer mientras caminó hacia una de las puertas del fondo y Mia escuchó trastear. Después de un poco caminó y se asomó viendo que era el cuarto de baño y de que Nyssa se curaba la herida que tenía en el brazo.

- ¿Te duele?
- Es sólo una herida superficial.
- Ah.

Mia se quedó observando como se aplicaba alcohol sin tan siquiera inmutarse.

- ¿Por qué disparaban?
- vaya, por fin te veo preguntar algo con sentido común - ironizó Nyssa - Son gansters... Te quieren muerta. Juntas llamamos demasiado la atención en ese momento y te descubrieron.
- ¿Por qué me quieren muerta? Precisamente a mí...
Nyssa terminó de limpiar su herida y sacó una venda blanca de su bolsita para empezar a desenrollarla por la herida.
- Tu padre es un traficante de drogas, Mia - las irises azules se dilataron nada más escucharlo - Y no uno cualquiera, es uno de los grandes... Si le hacen daño a lo que ama servirá como advertencia para que se retire del mercado... sólo que estos tíos son idiotas y esta vez en vez de hacerte daño simplemente, casi te matan.
- No, casi te matan a ti...
- Por mi cuenta me sé cuidar, pero no soy buena con una carga a las espaldas.

¿Eso era ella?
¿Una carga?
El corazón de Mia se encogió de golpe.

- Mia... ¿cuánto quieres a tu padre?

Esa respuesta la tomó por sorpresa y tras unos segundos que pareció pensarlo Nyssa había salido y dirigido hacia esa gran mesa deslizando la mano por debajo de la madera, sacando una pistola.

- Bueno... claro que sí, es mi padre...
- Eso no suena demasiado convincente, Mia.
- La verdad es que... no mucho...
Nyssa sonrió de forma macabra cargando el arma.
- Bien, porque lo voy a matar.

* * *

Mia se aferraba las rodillas encogida y sentada en el sofá de la sala. No podía pensar fácilmente desde que Nyssa de aquella forma tan fría le había dicho que acabaría con la vida de su padre... y justo después había anunciado que se iba a dar una ducha y que ella podía usar el cuarto de baño del piso superior. Pero se había quedado estática sin pedir ninguna explicación y se había sentado en el sofá sin pesar. Solo escuchaba el lejano ruido del agua caer.

Ya ni siquiera pensaba en el beso o en cosas lujuriosas...
Poco después escuchó el ruido del abrir y cerrar de la puerta y sintió que Nyssa se sentaba en el sillón que estaba en el otro extremo, y notaba su mirada grisácea clavada en ella.

- Y si... te pidiera que no lo mataras... - murmuró por lo bajo.
Aunque Nyssa ni se inmutó y comenzó a secarse el cabello con una toalla blanca.
- ¿Por qué ibas a hacerlo? Tú misma has dicho que no le quieres - abofeteó Nyssa.
- Pero... ¡pero sigue siendo mi padre! - Mia gritó y se encaró con la mujer que seguía siendo distante.
Aunque la vio suspirar y secar un mechón de cabello con fuerza.
- ¿Lo seguirías pidiendo aunque supieras que él mató a tu madre?
Mia se quedó paralizada mirándola seriamente mientras una lágrima rodó por su mejilla de forma solitaria.
- No te atrevas a jugar con ella - indicó con furia - ¡¡No te atrevas ni a nombrarla!!
Mia agarró un jarrón que había en la mesa cercana y se lo tiró a Nyssa, pero ella lo esquivó con tan solo un movimiento y la porcelana se rompió contra la pared. En un veloz acercamiento que Mia no pudo ni distinguir, esa mujer la estaba sujetando de las muñecas con una fuerza que nunca creyó que podía tener una mujer.
- Ya he aguantado demasiadas tonterías por tu parte, y que me ataques de esa manera no va ser perdonado tan a la ligera, niñita - amenazó Nyssa y la soltó de una forma tan brusca que Mia se golpeó con la pared y el brazo del sofá se clavó en sus costillas - Voy a abrirte los ojos al mundo real.
La voz de Nyssa sonaba con crueldad y el interior de Mia sólo quería llorar.
- Soy una asesina contratada por tu madre para matar al que... "quería" matarla. Después de todo ya la mató por mucho que te dijera eso de una enfermedad secreta para no hacerte daño... - soltó de golpe y porrazo Nyssa, provocándole estremecimientos a la chica - Tu padre atravesaba ciertas dificultades gracias a un préstamo que pidió a unos tipos más peligrosos que él... y no lo podía devolver... Tu madre tenía un buen seguro de vida que arreglaría esos problemas... No es de extrañar, tu padre aprecia más su propia vida que la de los que están a su alrededor.

Aunque Nyssa pensaba que quizás con esa niña no era de esa forma, puesto que había contratado a alguien para protegerla...
- Tu madre fue quien me lo contó todo, pero desgraciadamente por tanta seguridad en esa maldita casa y a su alrededor no pude hacer mi trabajo antes de que la mataran a ella.

Mia se sentía cada vez peor... ¿eso era verdad?
- Mi madre ya está muerta... no tienes porqué seguir ese trabajo... - balbuceó ella en un tono bajo.
- Tu madre me pagó por adelantado, mi ética profesional me prohíbe dejar incumplido un trabajo.

Mia se rió nerviosa pasando una mano por su cabello corto y despeinándolo.

- Tu ética profesional... que idiotez - ironizó la mujer y Nyssa comenzó a peinar su cabello con los dedos - La futura asesina de mi padre trabajando para él y protegiendo a su hija... ¿no es demasiado sarcástico?

Nyssa asintió sintiendo la mirada azul de odio penetrante en cada célula de su piel.
- Cuando intenté matarlo, por casualidades del destino otros atacaron el mismo tiempo que yo y acabé salvándole la vida, matando a los otros. No permito que nadie se meta en mi camino.

- ¿Entonces también me vas a matar a mí?
- No lo sé, ¿te vas a meter en mi camino?
Mia... terminó negando. Si eso era cierto, ¿cómo iba a hacerlo? Su inexistente padre había matado a su queridísima madre por culpa de un seguro de vida millonario...
- Bien, porque mi trabajo también es protegerte...

Nyssa se tomaba muy en serio sus contratos por muy idiotas que pudieran parecer... pero siempre seguía la ética de permanecer fiel al trabajo, por muy duro o ridículo que fuera.

Por eso ahora tenía que proteger a Mia y abrirle los ojos era una manera de hacerlo.
Nyssa se levantó y cruzó la puerta del fondo regresando un poco después. Mia vio como le tendía algo en la mano y descubrió en su palma un anillo con un zafiro incrustado que reconoció como el que su madre usaba antaño.

Era verdad... era verdad después de todo...
Incontrolablemente lloró.
No podía dejar de hacerlo aunque quisiera, puesto que eso era algo demasiado difícil de asimilar...

Con un suave tirón de Nyssa se dejó guiar hasta el piso de arriba y cruzando un pequeño pasillo la internó en una habitación y la tumbó en una cómoda cama de matrimonio... donde Nyssa se tumbó a su lado... y la besó.

La besó a pesar de que no dejaba de sollozar y de tener las mejillas bañadas en agua salada...

El suave contacto de la lengua de aquella mujer lamiendo sus labios menguaba las lagrimas y en una vez que las bebió dejó de llorar.

- ¿Por qué?
- Porque si esto ayuda a que duela menos, lo haré - respondió tranquilamente Nyssa y descendió un poco hasta besar la piel de su cuello con suavidad.
- ¿Por qué? - volvió a repetir, cerrando los ojos envuelta por esa sensación agradable.
- Porque mi trabajo es protegerte...

to be continue…

Notas: ¿Se puso bueno verdad? esperen la próxima entrega, donde finaliza este gran fanfiction original... Y dejen sus comentarios.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Jibun no Unmei cap VIII

Por hoy me toca actualizar y toca subir el cap del fic. aunque siento que va un poco atrasado de lo que quisiera. En fin, seguimos actualizando, mi siguiente entrega será Shoujo Sect con el capítulo dos y con más imágenes en descarga directa para ustedes, en el baúl del yuri :)

Cap VIII Alguien importante.

- Un festival es lo peor que nos puede pasar. A todo esto, no es obligatorio verdad?

- Espero que no – contestó Mai – sinceramente no me apetece aparecer en ninguno de esos eventos.

- Creo que nuestro grupo participará con una cafetería.

- Eso es aún peor, servirle a tanta gente desconocida.

- En realidad no, chicas, pensamos montar una exposición fotográfica – dijo Chie.

- Bueno, eso no sería tanto problema – contestó Natsuki – Harada, qué sucede con los que no participamos?

- No pasa nada Kuga-san.

- Bien. Entonces me uniré al club de los que se quedan en casa.

- Tienes tiempo para pensarlo Kuga-san. El evento es en dos meses.


Natsuki olvidó la plática de Chie. Últimamente era muy común verla en el Consejo Estudiantil, no porque hiciera algo más, sino porque prefería pasar tiempo charlando con Shizuru.


Subió los escalones mientras pensaba que haría esa semana que el Fuuka Gakuen se tomaba de receso para premiar a sus alumnos por el esfuerzo en las olimpiadas nacionales de conocimiento.


Llegó tranquilamente a las escaleras y se acercó lentamente a la puerta mientras una desenfrenada Haruka salía corriendo con Yukino detrás.


La siempre tranquila Yukino manoteaba entre varias hojas mientras corría escaleras abajo. Asomó la cabeza dentro de la sala del Consejo mientras una siempre tranquila Shizuru se notaba bajo presión. Tenía leves ojeras en el rostro mientras se notaba cansada. Reito estaba pasando informes a computadora mientras un descompensado Tate servía agua a ambos.


Homura Nagi anotaba algunas cosas mientras Shizuru firmaba de enterado otras.


- Shizuru, esto también es para ti – cortó la voz de Nagi mientras le daba una serie de hojas que Shizuru no tardo en leer y firmar.

- Reito-kun, necesito que envíes un informe de esto también.


Reito tomó los papeles y su mirada fue a parar a la puerta donde una Natsuki se mostraba bastante sorprendida de ver a los miembros del Consejo Estudiantil tan apurados.


- Ah! Kuga-san! – saludó Reito – Adelante, no te detengas por nosotros.

- Lo siento, estaba abierto y…

- Natsuki no tiene porque sentirse mal – contestó Shizuru – es sólo que tenemos mucho trabajo, pero si nos puedes ayudar con algunas cosas, sería muy bueno.

- Ya. Claro, qué necesitas?

- Por el momento acomodar estos papeles – dijo Shizuru mientras le mostraba una serie de papeles.


Natsuki asintió y de pronto se vió envuelta en el ritmo desenfrenado de los integrantes del Consejo estudiantil. No supo cuanto tiempo permaneció acomodando carpetas en archiveros y enlistado las hojas en el orden que Shizuru le indicaba.


No era precisamente alguien que le gustara el trabajo. Cuando finalmente habían terminado con una agotadora sesión el reloj estaba indicando las siete de la noche.


- Hoy ha sido bastante trabajo – dijo Reito - pero como hemos terminado esto ahora, podemos tener el fin de semana libre, que era realmente nuestro objetivo.

- Su objetivo? – preguntó Natsuki visiblemente agotada.

- Hay varias cosas que no podemos permitirnos atrasar – contestó Shizuru – de toda forma estamos agradecidos contigo por ayudarnos.

- No me esperaba que Kuga-san viniese a ayudarnos – contestó Tate desde su asiento.

- Bueno, el algo que yo tampoco esperaba – secundó Reito – pero a veces existen milagros que son verdaderamente oportunos.


Natsuki sintió enrojecer lentamente sus mejillas. Había rechazado la propuesta del Consejo Estudiantil para ser un integrante y había acabado haciendo el trabajo junto con ellos.


La campana de la torre sonó en ese momento.


- Vaya, hoy ha sido realmente tarde – dijo Shizuru mientras se incorporaba de su asiento – tengo el cuerpo verdaderamente cansado.


Natsuki enrojeció en ese momento mientras a su mente llegaba la imagen de un cuerpo femenino recostado en una tina.


Afortunadamente nadie más reparó en ello y contestó que si, era demasiado tarde.

- Shizuru-san, necesitas que te ayudemos en algo más? – preguntó Reito.

- Creo que por hoy fue suficiente Reito-kun – le contestó mientras apagaba su portátil – pueden marcharse si lo desean, yo me iré en breves.

- Ya. Entonces yo puedo esperarte, Shizuru – dijo Natsuki.

- Bien, entonces nos marchamos – dijo Reito, quién salió de la sala en ese momento seguido de Tate.

- Seguro que no te incomoda, Natsuki? – le preguntó Shizuru.

- No, de toda forma Mai no está en estos momentos y no tengo nada más que hacer.

- Eso suena bastante convincente, Shizuru – dijo Nagi mientras cerraba su portafolios – Bueno, yo tengo que irme o de lo contrario Mashiro-chan acabará conmigo – contestaba mientras se encogía de hombros – Lo dejo en tus manos, Kuga-san – terminó Nagi mientras curvaba los labios en una sonrisa que sacaba de quicio a Natsuki.


Salió de la sala tarareando una canción mientras llevaba su portafolios en la espalda. Natsuki se preguntaba porqué era tan familiar con su forma de hablarle a Shizuru.


- El es muy conocido tuyo? – le preguntó por fin.

- Conocido? Mmm – Shizuru pareció pensarlo un momento antes de responder – Nagi es como otra mano para mí. Es parte de mi familia, aunque no es la directa.

- Pero aparentemente se lleva muy bien contigo, Shizuru.

- Ha sido así desde que éramos pequeños – le contestó – Nagi es…como…un cómplice mío.

- Un cómplice…

- Pero Natsuki no tiene que preocuparse de ello.

- No lo decía de esa forma Shizuru…

- Ah no? – preguntó Shizuru – y entonces de qué forma?

- Yo… - Natsuki enrojecía en esos momentos. No sabía como explicarle que de cierta manera sentía un poco de celos de saber que había alguien muy cercano a Shizuru y no era precisamente ella.

- Daría lo que tengo en estos momentos por saber que estás pensando – sonó la voz de Shizuru como un susurro a sus espaldas.


Natsuki se tensó involuntariamente al sentir los brazos de Shizuru tomarle por detrás. Sólo hasta ese momento se dio cuenta de que Shizuru había dicho esa frase directamente a sus oídos. Sintió el cálido respirar en su oreja derecha y una ternura en ese abrazo.


- No…es nada… - dijo a su vez mientras tomaba las manos de Shizuru entre las suyas. Las separó lentamente de su cuerpo mientras sus últimas neuronas atinaban a decirle que ello no estaba bien.


Shizuru dejó escapar una leve risa mientras la soltaba y tomó la libreta que antes llevaba en la mano.


- Natsuki. No es necesario que te asustes. No pensaba hacerte nada.

- No he pensado en nada! – contestó Natsuki en voz alta – no he pensado nada – volvió a decir mientras bajaba la voz.


Una sonrisa cargada de ternura apareció en los labios de Shizuru mientras se acercaba a Natsuki de nueva cuenta. Le tomó de la barbilla y le miró directamente.


Fue un encuentro entre los ojos rubí y los esmeralda. Natsuki intentó hablar y Shizuru le detuvo los labios con un dedo mientras de su boca escapaba un pequeño sonido que le indicaba no dijera más.


- No pasa nada, Natsuki. Todo está bien.


Se separó lentamente de ella mientras le sonreía. Natsuki le dedicó una sonrisa también y empezó a salir tras ella.


- Si Natsuki no tiene nada que hacer por el momento. Bien puede venir conmigo – dijo Shizuru mientras observaba atentamente su expresión.


Las mejillas de Natsuki se tiñeron un poco y asintió lentamente.


- Entonces, hoy cocinaré especialmente para ti – finalizó Shizuru.


El rostro de Natsuki se hallaba iluminado de cierta aura. No sabía que un gesto tan sencillo pudiera hacerla tan feliz. Shizuru era muy tierna y parecía entenderla sin necesidad de usar palabras.


Mai era su amiga desde la infancia, pero nunca había sentido algo como lo que Shizuru despertaba en ella. Un sentimiento de plenitud y de paz. De entendimiento que no necesitaba decirse, sólo sentirse.


¿Pasaría igual con Shizuru? Una sombra se depositó lentamente en fu faz para borrarse casi de inmediato. No importaba. Por hoy, lo único realmente importante era esa cena, en casa de Shizuru.


Una cena en un lugar que resultaba verdaderamente prohibido. Sabía que en el apartamento de Shizuru habían estado realmente pocas personas y todos ellos eran del Consejo Estudiantil. Homura Nagi tal vez. Después de todo era alguien cercano a ella.


Pero inclusive el saber ello, le llenó de felicidad. De alguna manera le era importante.


- Le soy importante – pensó Natsuki dentro de sí.


El latir de su corazón se volvió más fuerte en ese momento mientras miraba la espalda de Shizuru. Su cabello ondeaba con el viento. Se detuvo en ese momento y volteó a verla.


- Si no te apresuras te quedarás, Natsuki.

- Voy – contestó mientras sonreía. Una sonrisa de felicidad desde el fondo de su corazón.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Si echo la vista atrás, recuerdos de Kaichou-sama Capítulo 9

Hola amig@s aqui os dejo el capítulo 9 del fic, vive con Shizuru el comienzo de su despertar, hasta pronto ;P

Capitulo 9.-

Me encontraba en otra eterna reunión del Consejo cuando de nuevo fui llamada por la Doctora Yoko, mi corazón se estremeció dejando de latir durante los interminables segundos que duró el anuncio, porque a pesar que en Fuuka éramos casi el millar de estudiantes algo en mi interior me decía que era concerniente a Natsuki…abandoné el salón precipitadamente, esbozando una sonrisa como única excusa, dejando a Haruka allí plantada llamándome “irresponsable”,“fugitiva” y otras cosas por el estilo mientras desaparecía con rapidez avanzando por los pasillos hacia la enfermería. La Doctora hizo efectivas mis sospechas, Natsuki había vuelto a necesitar ser atendida por unos pequeños cortes y algunas contusiones, una situación que venía siendo frecuentemente repetida de un tiempo a esta parte, sobretodo…si, sobretodo desde aquel misterioso accidente que mantuvo a Natsuki ingresada a comienzos de curso….

Aquel accidente había producido un cambio en Natsuki, ésta se había vuelto si cabe más huraña y esquiva con todo el mundo, las únicas personas que nos relacionábamos con ella éramos el profesor afro, un tal Yamada y yo, además desde ese día Natsuki ponía especial énfasis en evitar a dos personas, TAkeda-kun, por razones obvias y a la directora, aunque ésta todavía no sabía por que…

Natsuki era una persona que se mantenía alejada del resto del alumnado mostrando una mirada de poco amigos, pero en la profundidad de sus ojos color menta yo aprendí a leer la verdad, y esa era que NAtsuki es una chica muy reservada, realmente tímida que no quería aferrarse a nadie para no volver a perderlo…sí ciertamente me había costado casi un año que me confiara lo que estaba investigando, en su expediente tan sólo constaba que su madre había fallecido y que su padre se había trasladado a vivir a los Estados Unidos con su nueva familia, Natsuki me amplió esta información diciendo que éste las abandonó por otra mujer cuando era una cría, pero que a cambio nunca había dejado de enviar ingentes cantidades de dinero para limpiar su consciencia por no quererla a su lado; Natsuki tenía la teoría que el terrible accidente que sufrió y que se había cobrado la vida a su madre, fue provocado por la empresa para la que trabajaba como investigadora si aquello era verdad yo temía por mi bella morena y su relación con el profesor Afro, un hombre que llegó a Fuuka justo a la vez que Natsuki y que ponía especial interés en ella, especialmente a raíz del primer accidente; yo hice saber a NAtsuki mis sospechas y temores, ella me confirmó que el profesor estaba relacionado con su investigación, no confiaba en él, pero él era el único que le había orientado hacia donde dirigir sus pesquisas.

Natsuki empezó a mostrar interés por el ingreso de nuevas alumnas en la Academia, en especial las venidas de remotos lugares, en el fondo de mi ser yo albergaba un amargo sentimiento de celos ¿acaso iba a ser sustituida? ¿a cuento de que investigarlas Natsuki? fuera como fuese al verla allí tendida en la camilla tomé la decisión de que no importaba nada de lo que el futuro nos deparara, yo siempre me mantendría a su lado, y para ello necesitaba saber todo sobre ella, sobre el accidente del comienzo de curso punto de inflexión en su vida que había transformado su curiosidad por averiguar que le había sucedido en verdad a su madre a desatar un desesperado deseo de venganza y lucha ¿pero contra quien?¿Qué te ocurrió realmente en el accidente?. Aprovechando mi posición de Presidenta del Consejo y mis contactos en el hospital universitario por amigos y conocidos de mi padre, me permitieron averiguar más cosas sobre aquella noche sin levantar sospechas; las heridas sufridas por Natsuki eran compatibles con las de una caída de moto, aunque también se encontraron en su cuerpo arañazos y quemaduras que no encajaban con un accidente de ese tipo, si no más bien con un ataque o una pelea.

Fijé mi sonrisa eterna en el rostro y con voz firme y pausada pregunté – buenos días Doctora Yoko ¿Cómo se encuentra la paciente?

- ah hola Fujino-chan, bien no es nada grave, tan sólo son unos pequeños cortes en los antebrazos y una pequeña contusión en la cadera….la he hecho venir porque es la tercera caída de este mes….-añadió con voz preocupada

kuga permaneció callada mientras nos miraba con gesto serio

- o bien Dª Yoko estudiaré el asunto con la interesada- contesté amablemente

- vamos Natsuki-chan ven conmigo- dije sonriéndola condescendientemente

- lo lamento Shizuru … esa pesada de la Doctora Yoko te ha involucrado en esto y seguro que estabas muy ocupada con los asuntos del Consejo.

Paré en mitad del pasillo suspiré y apoyando dulcemente mi mano sobre su cabeza y dije- Natsuki se muy bien que esto no te lo has hecho con la moto…sólo quiero que me prometas que tendrás cuidado ¿vale?...sobre la mesa he cerrado un informe de un pequeño incendio provocado por unos….em …gamberros en el bosque en la orilla de la montaña …-

Natsuki abrió sus grandes ojos esmeralda de par en par y yo la sonreí, con mi verdadera sonrisa y continué diciendo -¡recuerda que cada uno de nosotros resulta imprescindible para los demás…y tu lo eres para mí, me importas, y me preocupo por ti!-

Kuga clavó su mirada vítrea en mis ojos carmesí a la vez que con voz quebradiza me espetó- gracias por tu ayuda …pero por tu seguridad no te acerques mucho a mí Shizuru, ….o no podré protegerte- dijo apartando suavemente mi mano de su cabeza;

mientras la veía alejarse cabizbaja por el pasillo pude sentir como la punzada que me atravesaba el corazón me fue bajando por el flanco izquierdo, aquel pinchazo, aquella pena me impedían respirar, y abrazándome con fuerza el costado me apoyé en la pared dejando que mi cuerpo se deslizara por la misma como las lágrimas que se desbordaban por mis ojos, empañando su imagen en la lejanía…

jueves, 6 de noviembre de 2008

Strawberry Shake Sweet


Arena y yo teníamos un tiempo pensando en esta sección y cómo empezarla. Siempre soy de planificar detalladamente las cosas, pero cuando llega la inspiración, hay que hacerle caso ;)

Iba a explicar, qué es Strawberry shake vía cbox, pero ahí eventualmente la información se perdería. Así que decidí dejar un post.

Strawberry Shake Sweet es un manga yuri, creado por la genial Shizuru Hayashiya y publicado por la revista Yuri Hime. Lo interesante es, que en mi opinión, se trata de la primera comedia romántica hecha manga (con temática yuri claro). Mucho humor, personajes bastante elaborados y un excelente diseño; Strawberry Shake Sweet (o dulce batido de fresas) se ha convertido en uno de mis favoritos. De hecho, miles de fans rogamos porque pronto podamos ver una serie anime homónima.

Hace poco fue publicado el capítulo 17, con el que se pone fin a esta serie culto del yuri. Hasta la fecha se encuentran traducidos 12 capítulos en Inglés y aproximadamente 11 en español. Sin embargo, es posible conseguir la serie entera en RAW (idioma original). Quizá no nos enteramos mucho de los diálogos, pero las imágenes seguro que los entretendrán hasta que podamos contar con la traducción. Con seguridad, esta es una serie que deseo tener pronto en nuestro baúl.

Argumento:

Julia es una Idol en ascenso a la que su jefe en la agencia le pide de favor que entrene a Ran, una chica con mucho potencial pero algo... digamos distraida. Julia por supuesto se niega a entrenar a su futura rival, pero al ver a Ran cambia de opinión. A medida que se van conociendo, surgen ciertos sentimientos que Julia no puede definir, hasta que su histérica y aparentemente homofóbica manager le abre los ojos y Julia logra entender sus sentimientos. Desde ese momento la pobre Saeko (la manager) tendrá más de un dolor de cabeza porque Julia asume su amor por Ran. Dentro de tanto enredo, aparecen en escena Kaoru quien es la estilista amiga de Saeko (y que está enamorada de ella) y el grupo Zlay (enteramente formado por "chicas que aman chicas"). Ciertamente, no pararán de reír y enternecerse con esta genial historia. A todas estas, se preguntarán qué ocurre con Ran, bueno como ya mencioné antes, es un poco despistada y le costará un poco más de tiempo definir el por qué siente tanta afinidad por su superior.

Notas finales:

Poseo la serie en su totalidad (RAW) si lo desean podría publicarse. De igual forma dejen sus comentarios con sugerencias y/o dudas, o simplemente hagan saber si encontraron útil la información.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Shoujo Sect Cap 1 - Fin.

Con esta entrega finaliza el primer capítulo de Shoujo Sect, pero bueno, en vista de que vamos demasiado lentas con este manga, aumentaré la cantidad de páginas en las siguientes publicaciones de los demás capítulos. Que lo disfruten y no soy perver, sólo contribuyo un poco, jejeje.











martes, 4 de noviembre de 2008

Rojo sobre rojo Capítulo 1 (Parte 2)

Y continuando con este buen fic original, dejo para ustedes, la parte final del primer capítulo... Enjoy!!!

Capítulo 1 (PARTE 2)

Autor: Kouryuu Shizuka


En alguna ocasión Mia había querido entrar al despacho de su padre y fisgar en su ordenador personal. Una de las ventajas de que no estuviera nunca en la casa era que podía cotillear en cada rincón y encontrar cosas interesante, como la contraseña de ese ordenador.

Con suerte en él estaría el expediente personal de Nyssa.Y es que esa mujer, a lo largo de las semanas desde aquel día en que descubrió su agilidad en las matemáticas, se había vuelto una completa obsesión.

En una de las veces Mia consiguió deslizarse hasta el despacho, pero en el ordenador estaban los expedientes de cada hombre de la casa, incluso el de Sven, pero no estaba el de ella.

Cosa que le extrañaba y le entristecía un poco. Había intentando hacerle preguntas personales a la mujer, pero es que nunca le respondía; siempre le dejaba las preguntas en el aire y se limitaba a vigilar y a caminara hacia delante.

- ¡Mia!

La chica se encogió de hombros y cerró los ojos. Acababan de pillarle con las manos en el teclado del ordenador.
Algo malo.

- ¿Se puede saber qué haces?

La muchacha abrió un ojo y miró al hombre, dueño de la voz.
Gracias a dios era Sven.

- ¡Menos mal que eres tú!
- Sí, menos mal que soy yo - replicó el hombre rubio, con acento alemán - Si fuera otro estaría reportándose a tu padre inmediatamente, ¿qué estás mirando?

Mia apagó el ordenador y caminó hacia la puerta saliendo al pasillo.

- Si te digo no te reirás, ¿verdad?

El imponente hombre pareció pensarlo y después sonrió, haciendo que la chica pudiera confiar en él, como siempre.

- Buscaba información sobre Nyssa.
- ¿Nyssa? - repitió él, anonadado - ¿Por qué? ¿No te fías de ella?
Mia negó.
- Cuatro meses aquí y sólo sé su nombre y que sabe matemáticas.

El hombre suspiró e hizo un alto para asomarse a la ventana y ver a la mujer de la que estaban hablando, dándole golpes a un saco de boxeo colgado de la rama de un árbol.

- Ya sabes más que todos nosotros.
- ¿De verdad que nadie sabe nada? No entiendo el por qué de tanto misterio a su alrededor.
Sven pareció pensar lo mismo.
- Si la contrató su padre, es de fiar, sabes que él nunca se equivoca al escoger a su gente, y más si es para cuidarte.
- Sí, pero, ¿cuidarme de qué?

Sven no respondió. Eso era algo que no podía revelar, ni aunque Mia hubiera alcanzado la edad de 18 años.
A pesar de que él se había ofrecido a ser el guardaespaldas de la muchacha, puesto que habían tramado algo así como una amistad, el padre se opuso. No se fiaba de que ningún hombre estuviera lo más cerca de su hija, y es que era comprensible.

Mia, a pesar de conservar una altura pequeña, era una muchacha muy bella. Conservaba ese bonito castaño ondulado, heredado de su padre, y los preciosos ojos azules cristalinos, heredados de su madre. De la mujer también había heredado esa piel blanquecina, y la hacía tan frágil como a la porcelana, provocando el efecto en todo el mundo de querer protegerla, incluso de querer dar la vida por ella.

Pero ella no parecía darse cuenta de eso. Estando tan sobreprotegida, Sven aun pensaba que era una chica inocente que no sabía anda de la vida; alegre y despreocupada que le afectaba un simple examen de matemáticas.

- Está bien, no tienes por qué responder - aceptó Mia - Vamos a jugar un partido de tenis, me aburro.
- No se me da bien el tenis, siempre pierdo.
- Claro, por eso mismo, yo nunca gano si juego contra otra persona - confesó la chica y después rió ante el ceño fruncido de su amigo.

Pocos minutos después, Nyssa había regresado a ocupar su puesto después de su pequeño entrenamiento.
Después del intento fracasado de hacerse con información, Mia no dejaba de cavilar en sus pensamientos sobre el pasado o el presente que pudiera vivir su "niñera".
En algunos momentos había comenzado a dudar de que Nyssa fuera su verdadero nombre, pero no podía entender porqué ella era todo un secreto, y era tan distante.
- ¿Ocurre algo?
Mia salió de su ensimismamiento y movió las manos rápidamente al momento que se sonrojaba.
- No, no, nada... - respondió inmediatamente.

Habérsele quedado mirando de forma tan fija no había sido buena idea.
Pero es que no entendía qué le estaba ocurriendo.
A cada día que pasaba y que la observaba más, descubría un pequeño gesto nuevo, insignificante cuando solamente veías su seriedad, pero importante cuando no dejabas de admirarla.

A veces esos pequeños hilos que escapaban de la goma, los retenía detrás de sus orejas, o simplemente los echaba a un lado, pero de alguna manera siempre acababan de nuevo en la posición original.
Siempre llevaba el último botón de la chaqueta desabrochado y usaba ropa tan justa que no podía entender donde escondía la pistola.
Observarla se había convertido en un hábito... y un día en que pudo ver ese precioso cabello suelto, ondeando al aire... sintió su corazón latir más aprisa que nunca.
Y no lo entendía.

Sven más de una vez había podido presenciar la forma en que la dueña de la casa miraba a su cuidadora; sonreía de forma escueta ante eso y seguía su camino sin molestar.
Por eso, Mia quería saberlo todo.
Tanto quería que cuando su padre estuvo en la casa un día y llamó llamar a Nyssa, ella se coló en la habitación con la clara intención de registrar cada cajón y cada rincón que hubiera en esa habitación.

- ¿Cómo encontrar algo si está prácticamente desierta? - la muchacha se entristeció por eso, y primero buscó en los cajones de la mesita de noche.

Pocas cosas la verdad: un reloj de pulsera plateado, varias cajas de clinex (¿para qué tanto papel?), una pequeña cajita de chicles de menta (¡le gustaba la menta!), una caja de cerillas y nada más.
Tras suspirar, volvió sus pasos hacia el armario y tras abrir las puertas miró sus ropas.
Allí estaba ese chándal, varios pantalones blancos y rojos, y chaquetas y camisetas del mismo color, separados de las perchas en donde lucían sus trajes oscuros.
Vaya, también aparte de gustarle el color oscuro, le gustaban los blancos y rojos y la ropa cómoda.
Algo era algo, ya que no había mucho más... Oh, sí que lo había.

Una maleta pequeña negra descansaba al fondo del armario, oculta entre tanta ropa. Mia sonrió y atrapó el tirado. Cuando iba a poder abrirla... notó que algo fino se había posado en su sien. Sin remedio se echó a temblar, entornando los ojos hacia quien estuviera allí. Se estremeció aun más cuando pudo ver esa mirada felina de la dueña de la habitación y sólo pudo tartamudear una disculpa, y no podía dejar de mirar el cañón de la pistola que descansaba en su frente.

- Busques lo que busques, aquí no lo vas a encontrar - dijo ella, con una voz fría y dura.
Mia seguía sin poder moverse del sitio, ligeramente impresionada por ese arma.
De cerca parecía mucho más grande...
- ¿Qué hacías aquí? - Nyssa había perdido toda educación para pasar a tutearla.
- Yo es que... - Mia bajó un poco la mirada -... siempre eres tan distante que... que quería saber un poco más de ti...

Eso pareció sorprender a Nyssa, quien enarcó una ceja guardando su arma y se cruzó de brazos.

- ¿Por qué? - quiso saber al instante.
¿Qué por qué?

Ni siquiera ella entendía esa admiración que había criado y que había crecido de manera incontrolable hacia ella.

- Ya van cuatro meses - indicó Mia - Me sigues a todos lados y ni siquiera sé tu apellido. Ya sé que sólo eres mi guardaespaldas, pero me gustaría al menos conocerte un poco.
- Es innecesario, eso no ayudará a que salve la vida cuando sea necesario.
Mia frunció el ceño, esa mujer comenzaba a sacarle de quicio.
- Salvarme la vida de qué, ¿eh? - espetó Mia - En 18 años aun no me ha ocurrido nada.
- Exacto - contrarrestó Nyssa -, porque siempre ha habido gente protegiéndote, Mia. En vez de rebuscar en mis cosas y querer saber más de mí, deberías de preguntarte porqué tanta seguridad a tu alrededor. Ya no eres una niña, así que deja de comportarte como una.

Mia se sintió dolida. No había hecho nada tan grave como para merecerse tal regaño, ¿verdad? Parece que hubiera cometido el peor pecado de todos al querer conocerla un poco mejor.
Al querer ser su amiga.

Mia cerró los ojos con fuerza para abrirlos con más fuerza aun y mirarla con furia. De la misma forma caminó hacia delante, apartándola de su camino para salir de su habitación e internarse en la suya con fuerte portazo, que atrajo la atención de tres matones que estaban cerca.

Nyssa les hizo una señal de que no ocurría nada y los hombres se retiraron. La mujer entró a su habitación y se sentó en una solitaria silla que había en uno de los rincones y cruzó una pierna, mientras sacaba su arma de la funda y comenzaba a desmontarla con cierta agilidad. Entre pieza y pieza, rara vez se pudo escuchar un suspiro.

* * *

Varios días después todo seguía igual.
Nada había cambiado entre ellas; aun existía ese muro que Nyssa se empeñaba en levantar entre las dos,
La noche anterior, Mia había soltado rayos y maldiciones de la mujer que la cuidaba, mientras Sven comía una manzana en la cocina.

- ¡Es insoportable! - había gritado Mia - ¿Por qué no puedo despedirla? Seguro que mi padre encontraría otra mujer que me cuidara, en vez de esa... esa... marimacho hecha de hielo.

Pero Sven solamente había reído a sus comentarios y comido la manzana despreocupado.

- ¿Se puede saber porqué te ríes tanto? Así no me estás ayudando.
- Es que produce risa, Mia - reveló Sven - Tratas de ocultar tu admiración por ella en un berrinche, creo que en los años que llevo sirviendo en la casa, nunca había presenciado nada igual.
- ¡Nunca me he dado de cara con alguien como ella!
- Y por eso te gusta.

Mia había abierto la boca para contestar algo, pero no salió palabra alguna y el rubor ligero de sus mejillas había respondido por ella.Y ahora estaba en el coche, en el asiento trasero, de camino a la escuela, teniendo por conductora al mono de las nieves. Mia la observó de reojo y sintió las mejillas caliente. Rápidamente volvió la mirada a las calles aun más fastidiada.

¿Cómo iba a gustarle una mujer?
No le gustaba, ¡claro que no!
El coche se detuvo justo a la entrada y Mia bajó. De fondo escuchó la voz de la mujer que la había llevado hasta allí, pero no quería escucharla. No en ese momento.

Pero lo que sí escuchó fue los gritos horrorizados de los compañeros, que como ella, llegaban al instituto.
Mia sintió un gran peso que la tiró al suelo y al girar los ojos se encontró con que Nyssa la estaba abrazando, allí, tiradas en el suelo.

Un momento... ¿por qué sacaba su arma?
No la estaba abrazando... ¡la estaba protegiendo!
Nyssa con gran rapidez levantó a Mia del suelo y con rudeza la tiró dentro del coche, el cual además de lujoso era antibalas. Porque estaban disparando.

Mia se agazapó en un rincón del coche temblando, mientras escuchaba los disparos. En una ocasión levantó la mirada por el cristal de la ventana y pudo ver a Nyssa, con el arma entre las manos, refugiada tras un lateral del coche, disparando hacia algún lado.

Ni siquiera en esos momentos perdía su temple. A lo lejos pudo escuchar el grito de un hombre, y a Nyssa descubriéndose para avanzar hacia la acera de enfrente.

El hombre que había estado disparando se encontraba tirado en el suelo. Nyssa se acercaba empuñando la pistola hacia él, por si hacía algún movimiento, pero al acercarse vio que ya no se movería aunque quisiera. Una de sus balas había sido certera y se había incrustado en su frente.

La mujer se agachó para guardarse la pistola ajena, para sacar un teléfono móvil de su chaqueta y hacer una llamada. Cuando colgó se encargó de registrar el cadáver, a pesar de las personas que estaban mirando expectantes y curiosas.

Sustrajo de uno de los bolsillos una cartera con dinero y una tarjeta de un club, que miró por ambos lados.
No había más pistas de quien fuera ese hombre o quien le hubiera contratado.

Nyssa se levantó y se acercó hasta el coche, sentándose en la parte trasera, junto a Mia.

- No estás herida, ¿no?

Sin esperar la respuesta de la atemorizada muchacha, la despegó de la pared del coche y la revisó ella misma. Nyssa podía notar como su cuerpo estaba frío, seguramente por el impacto de recibir la realidad de que la querían muerta.

- No tienes nada... pero...
Nyssa la abofeteó con fuerza, provocando que el rostro de la chica se quedara de medio lado, cubierto por el cabello y sin apenas moverse.
- ¡¡Cuando te hable tienes que hacerme caso!! - gritó Nyssa, más enfurecida que nunca - ¡¿O es que acaso quieres morir?! ¡Yo al menos no tengo ningunas ganas de hacerlo y más si es por tu desobediencia!

Hubo un poco de silencio tras esas duras palabras, que fue roto por el llanto de Mia.
¿Por qué ella? No lo entendía, no podía entenderlo.
Por culpa de su tozudez, había estado apunto de morir. Es más, también podía haber sido la culpable de que ella muriese...
Mia levantó la mirada llena de lágrimas, que hacían que sus ojos azules brillaran, observando como Nyssa estaba furiosa.

No... no quería que muriera; no quería que se fuera de su lado; que dejara de protegerla.
Sin ánimo de recibir algún abrazo, se abalanzó hacia la mujer, atrapando entre sus dedos la chaqueta oscura y escondiendo la cara en su pecho, siguió llorando sin poder controlarse.
Nyssa la observó mordiéndose el labio inferior.
No le gustaba, pero rodeó los hombros femeninos, estrechándolos con un poquito de fuerza.
No quería ser cruel, pero era necesario.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Final extendido May Hime

Hola salteador@s del baúl, de nuevo me presento con la segunda entrega de las curiosidades, en esta ocasión os traigo el final extendido aparecido en los DVD´s de esta maravillosa serie.
Sin más preámbulos ahí tenéis


domingo, 2 de noviembre de 2008

Jibun no Unmei Cap. VII

Pues bien, al final, después de meditarlo, decidí subir el fic y en la próxima entrega concluiré el shoujo sect :)




VII Encuentro con Okuzaki Akira.


- Tohika Takumi?

- Tokiha Takumi, Haruka-chan – corrigió Yukino.

- Y qué tiene de especial su ingreso? – preguntó una Haruka que cada vez tenía el cabello más alborotado de lo normal.

- A pesar de que su familia tiene un edificio de departamentos ha preferido quedarse en las habitaciones del colegio – contestó Reito mientras bebía su té.

- Pensé que se mudaría pero insistió en quedarse – continuó Shizuru – sin duda es un chico interesante. Pero le explicaste que por el momento hay una zona en reparaciones, Reito-kun?

- Si y no le ha importado compartir habitación. Desafortunadamente sólo queda disponible la habitación con Okuzaki Akira-kun.

- Okuzaki Akira? – preguntó Shizuru quién había dejado de beber su té en ese instante.

- Sucede algo, Shizuru-san? – preguntó Reito – quién vió tensarse un momento a Shizuru.

- Había olvidado notificarle que se aceptaba su propuesta para el festival– dijo calmadamente Shizuru mientras volvía a dar un pequeño sorbo a su té.

- Oh, ya veo.


Y mientras Yukino pasaba los reportes del día, Haruka empezaba a dormirse y Reito se relajaba en compañía de Shizuru y lo ameno del día.


- Takumi – dijo Mai – seguro que es aquí?

- Es la referencia que Kanzaki-sempai me dio – contestó Takumi.

- Eh, Natsuki. No te parece demasiado grande para ser un cuarto de colegio?

- La verdad es que todavía me pregunto si esto es de cuartos de colegio… -contestó Natsuki mirando los pasillos. El decorado era demasiado sencillo pero elegante. Habían llegado a la puerta, tras lo cuál Takumi deslizó una tarjeta y se abrió para dejarles paso. Un pequeño recibidor estaba presente y cubierto con unos tapetes. Lo extraño era que no parecía que hubiese alguien dentro. Tenía una pequeña sala decorada con un buen gusto y había un bastidor cerca de la ventana. Lo cubría una manta de color blanco. Una nota en el escritorio le daba una fría bienvenida mientras le indicaba el cuarto que le correspondía. El apartamento estaba diseñado para compartir la sala y el comedor. Cada cuarto era individual, con baño incluido, por lo tanto Okuzaki Akira bien podía estar encerrado en su habitación y no tomarse la molestia de verlos.


- Presiento que esto será un poco más difícil, ne-chan – dijo Takumi mientras terminaba de desempacar sus cosas.

- Tranquilo, Takumi. No parece ser mala persona. Debe estar ocupado.

- Si. Puede ser que tenga otras cosas pendientes – dijo Natsuki mientras miraba el exterior.

- Así que esto es lo que desea… - Si. El sobre tiene toda la información que requieras saber de él por el momento. Trata de ser cortés. Y sobre todo, relájate un poco.

- Bien. - Puedes marcharte. Es todo lo que debías saber.

- Como usted ordene.


Okuzaki Akira caminaba en los pasillos mientras recordaba esa plática. A veces, esa persona podía sacarle de quicio, era verdad. Pero tenía que cumplir con su deber.


Entró a la habitación y escuchó voces dentro. Así que su compañero de cuarto había llegado.


Caminó perezosamente hacia la habitación contigua. Tenía que ser todo lo cortés que pudiera. Dos chicas y un chico. El chico tenía que ser Tokiha Takumi. La chica del cabello claro debía ser su hermana y la otra…no recordaba el nombre pero la había visto.


- Buenas tardes. Los tres miraron hacia la puerta mientras un estudiante de cabello oscuro las veía. Natsuki le miró de forma extrañada y Takumi sonrió alegremente.

- Buenas tardes, Akira-kun – contestó Takumi mientras tendía la mano.

- Prefiero que me llames por mi apellido – contestó mientras daba un apretón.

- Lo siento Okuzaki-kun…susurró Takumi. Akira sonrió.


Así que este era el chico con habilidades deportivas en natación. Se veía inocente y aparentaba mucha franqueza.


- Bien, en un momento te ayudaré con lo que haga falta, Tokiha-kun. Necesito cambiarme.

- Muchas gracias, A…Okuzaki-kun!

- Bueno, entonces yo me encargaré de la cena – dijo Mai.

- Yo te ayudo – contestó Natsuki – hay una receta muy buena con…

- Nada con mayonesa, Natsuki!

- No iba a decir eso – contestó Natsuki mientras se cruzaba de hombros.


Y mientras las chicas discutían el menú de esa noche. Akira le preguntaba a Takumi.


- La discusión es por la mayonesa?

- Natsuki-san es una fanática de ese aderezo occidental.

- Ya veo. Debe ser estresante verla comer algo con eso todos los días…

- Okuzaki-kun…

- Si?

- Perdona las molestias.

- No hay problema. Lo único que te pido es que no entres a mi habitación sin avisar. – contestó Akira mientras se disponía a entrar a su cuarto.


La cena se sirvió rápidamente y transcurrió de manera tranquila.


- Hace mucho que no probaba la comida casera de otra persona – dijo Akira.

- De otra persona? – preguntó Mai.

- Tengo la costumbre de preparar mis propios alimentos - contestó Akira.

- Ohhh!!! – murmuraron los tres mientras Akira sentía enrojecer sus mejillas.

- No tiene nada de raro! – dijo.

- Que un chico de tu edad cocine, si…- dijo Mai.

- Sólo es tradición – contestó Akira mientras terminaba – Gracias por la comida.

- Por cierto, Okuzaki-kun – interrumpió Natsuki – en la cocina ví que llevas dos obentos…

- Eso es porque como el doble de lo normal!

- Vaya…- siguió Natsuki – pensé que cocinabas para alguien más.

- No – contestó – no cocino para nadie más.


Natsuki le contempló un rato. Okuzaki Akira. Tenía el mismo color de los ojos de Shizuru. Pero no era tampoco el motociclista. Había algo oculto, podía sentirlo. Okuzaki ocultaba algo, pero no podía darse una idea de qué. Habían pequeños retratos de él como campeón en disciplinas tales como Tae kwon do, Karate, Kickboxing, inclusive Kendo. ¿Por qué ya no estaba en alguna de ellas?


Pensó en todo esto antes de asistir a clases al día siguiente y comentárselo a alguien más.


- Y eso fue lo que pasó, Shizuru…

- Es decir que te intriga el porqué Okuzaki Akira no compite por Fuuka siendo un excelente peleador?

- Lo sabías? – preguntó Natsuki verdaderamente intrigada. Había ido donde Shizuru se ocultaba del club de fans y la encontró leyendo un pequeño libro sobre cocina.

- Okuzaki Akira ingresó a mediados del último bimestre en el curso anterior. Es un alumno relativamente nuevo. Una lesión le obligó a dejar su anterior afición, aunque descubrió otra…

- La pintura…

- Ara, cómo es que Natsuki sabe eso?

- Había un bastidor en la sala de esa habitación…no pude ver que era…pero seguro que es una pintura…

- Y a ti, Natsuki, qué es lo que más te gusta? – preguntó Shizuru en un tono relativamente intrigado.

- Yo…no sé…que me guste – musitó Natsuki mientras la miraba.

- Con tus impresionantes calificaciones podrías ser un ingeniero, sabes?

- Ya. Papá siempre dice eso – contestó mientras bajaba la cabeza y la apoyaba sobre sus rodillas.

- Y tú Shizuru, qué es lo que más te gusta? – preguntó a su vez.


La chica de Kyoto calló un momento mientras en su mirada había un extraño brillo. Miró a Natsuki antes de dedicarle una linda sonrisa y contestar.

- Hay muchas cosas que realmente me gustan, Natsuki. Pero a veces me pregunto si podré realizar alguna de ellas.

- Y puedes decirme alguna de ellas?

- Si te dijera, tal vez mi deseo no se haga realidad – contestó Shizuru mientras le guiñaba un ojo.


Natsuki sonrió. Shizuru tenía un encanto que no podía ocultarse ni negarse. Era evidente que por si sola había logrado mucho, pero qué sería aquello que Shizuru realmente anhelaba? Sólo hasta ese momento Natsuki reparó en que cada vez deseaba saber más y más de esa chica. La brillante Presidenta del Consejo Estudiantil.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Rojo sobre rojo Capítulo 1 (Parte 1)

Gente del Baúl, este día iniciamos con un nuevo Fanfic, como soy fanática de las sagas de Bee Train (chicas con pistolas) traigo para ustedes esta historia que me encantó de principio a fin. El fic de titulo Rojo sobre rojo es propiedad de Kouryuu Shizuka que fue publicado en la pagina amor-yaoi, y el cual tenemos el placer de compartir con ustedes, ruego al autor se ponga en contacto con nosotras para cualquier duda o modificación.

Capítulo 1 (Parte 1)

Autor: Kouryuu Shizuka

Acababa de responder a una pregunta que el profesor le había realizado, y como siempre, había respondido correctamente.

Ahora volvía a su sitio a sentarse seguida de ciertos cuchicheos que, en realidad, no tenían nada que ver con ella... sino con la persona que le estaba esperando justo a salir de la institución.

Aunque aun faltaban varias horas para que las clases acabaran, el Rolls Royce de un negro elegante y reluciente estaba allí esperando. Durante las clases, se acercaban a preguntarle por aquel coche y en que si ella estaría ese día ahí también. Y no le quedaba otra respuesta más que un rotundo "sí". Raro sería el día en que ella no estuviera esperando, vigilando las inmediaciones...

Justo al terminar el día, no supo si tener entrenamiento de voleibol era un alivio o un pesar... y cuando comenzó a caminar junto a sus compañeras de clase, estas comenzaron a armar un pequeño revuelo porque la estaban viendo.

Allí estaba.

Justo en la entrada, de pie, con la espalda recta y los brazos rectos, colgados a cada lado del cuerpo.

El traje negro se le ajustaba perfectamente a cada curva de su cuerpo, a excepción de los pantalones, que lucían más holgados a medida que se descendía hasta los pulcros zapatos de un ancho tacón.

A pesar de que su aspecto imponía, también lo hacía la seriedad que reflejaba su rostro. A veces la comparaba con los guardias que hay delante del palacio en Londres; esos soldados a los que si les habla ni siquiera se molestan en mirarte.

A veces se preguntaba si al estornudar se limpiaría con un pañuelo, pero la verdad es que nunca la había visto enferma.

Sólo veía, día tras día, esa seriedad adornada por sus generosos labios, por aquellos ojos grandes y felinos a la vez, de un color gris que causaba escalofríos por la frialdad que poseían y para rematar el conjunto, ese precioso cabello largo negro azabache, que permanecía atado con una gomita a la altura de la nuca, y que siempre algunos hilos de cabello escapaban a la atadura.

Tanto sus compañeras como sus compañeros se habían quedado prendados de su belleza justo desde el primer momento en que la habían visto mientras llegaba a la escuela en el lujoso auto.

- Buenas tardes, Srta. Lorens - saludó la misteriosa mujer, con una leve inclinación, y eso despertó detrás de ella una ovación.

Nyssa era su guardaespaldas, y ella, Mia Lorens, la protegida.

Mia se despidió de sus amigas con una sonrisa y un movimiento de mano, mientras que Nyssa le habría la puerta y podía sentarse justo en el asiento trasero del coche. Después Nyssa se puso al volante y comenzó a conducir hacia su casa.

Ese trozo del trayecto se le hacía aburrido, puesto que Nyssa no hablaba más de lo estrictamente necesario; siempre estaba encerrada en su silencio, y ni siquiera sus compañeros vigilantes en la casa habían podido escuchar su bonita voz, a pesar de que muchos imaginaban que debía de ser la de un camionero, a pesar de tener la apariencia de un ángel; pero de un ángel caído.

Mia se concentró en ver como los edificios pasaban por delante de ella y en como algunas personas miraban en lujoso coche, y sobre todo comentaba esas ventanas oscuras que no dejaban ver quién iba dentro del automóvil.

De soslayo la estudiante miró a la mujer que conducía y miró directamente debajo de su brazo.
Allí se escondía una pistola que nunca lograba saber ni la marca ni su calibre, pero una vez la vio practicar puntería y se estremeció con tan solamente ver que a la primera bala ya había dado en el blanco.

La verdad es que Mia no entendía por qué su padre le había puesto un guardaespaldas, y cando vio a una mujer lo entendió aun menos.

No es que fuera machista sobre que ese trabajo lo desempeñara una mujer, pero es que ella era una excesivamente joven.

Estaba segura de que podría acudir al instituto con ella si se lo propusiera, o quizá fuera una estudiante de universidad, porque más de 23 años no podía tener.

Y aun así con aquella edad era... guardaespaldas; poseía pistola y una puntería inmejorable.
Daba miedo, pero se sentía protegía.

Mia suspiró y se concentró en el examen que tenía para el día siguiente. Había intentado que una de sus compañeras le ayudara entender justo esa parte de matemáticas, pero no conseguía entenderlo.

Quizá Sven pudiera ayudarla. Ya lo había hecho otras veces, además, era el más amable de toda esa padilla de brutos que estaban a las órdenes de su padre.

Nada más atravesar la puerta de la mansión tuvieron que pasar un control, aun siendo la hija del dueño quien iba en el coche y después el automóvil se desplazó por la carretera que llegaba hasta la entrada. Allí ambas mujeres bajaron del coche y otro hombre se encargó del vehículo.

Entraron en la casa y Mia subió directamente a su habitación para despojarse de su uniforme y cambiarse por algo más cómodo. Sin embargo, a pesar de que Nyssa estaba a cada segundo con ella, en esos momentos ignoraba donde ella se encontraba.

Varias veces su padre le había explicado que no era una guardaespaldas, a pesar de saber usar las armas de fuego (y más cosas que no le mentó), sino que la considerara como una niñera.

Ese día agarró un berrinche, puesto que con 18 años recién cumplidos, ya no era una niña.

Pero, ¿qué iba a saber su padre? A veces el hombre era una persona completamente desconocida para él. Siempre estaba encerrado en sus viajes por negocios y en sus negocios mismos.

Siempre había sido igual. Desde pequeña sólo había tenido a su madre, quien estaba con ella siempre, hasta que un cáncer se la llevó de su lado y se sintió sola.

La verdad es que era así como se sentía, a pesar de estar la casa siempre llena de gente; de esos guardaespaldas que cuidaban la mansión; que cuidaban a su padre y que la cuidaban a ella.
Pero cuando su padre se fijó en lo bonita que había crecido, decidió apartar a esos gorilas de ella y asignarle una mujer.

Y esa fue Nyssa, quien llevaba con ellos apenas tres meses.

Tres meses en los que Mia había cruzado pocas palabras con ella, y aun nisiquiera sabía su edad, cuando solamente al primer mes, sabía hasta qué número calzaba Sven.

Mia terminó por vestirse con un chándal, que echaba por tierra la elegancia que aquella familia poseía, pero es que estar por casa con esos estúpidos vestidos que su padre a veces le compraba para compensar su ausencia, eran horrorosos.

Después de hacer la tarea en absoluto silencio, se encontró con el problema de su examen, el cual decidió postergar para un poco después.

Primero quería comer algo y ver si Sven podía ayudarla.

Nada más salir de su habitación, una sombra se cernió sobre ella, provocándole un sobresalto.

- ¿Adónde va, señorita?

Mia se dio la vuelta y vio a Nyssa, quien no se había despojado aun de esa ropa oscura.

- Sólo a la cocina, no hace falta que me acompañes, en esta casa hay demasiada vigilancia...
- Es mi trabajo - argumentó sin más ella, y Mia suspiró interiormente.

Tendría que acostumbrarse a eso por el resto de su vida, ¡o más!
Al entrar en la cocina el delicioso olor inundaba la estancia, abriéndole aun más el apetito. Clara, la cocinera latina de la casa, debía de haber vuelto a hacer uno de sus ricos guisos para la cena.

- Pequeña Mia - saludó la mujer con una cálida sonrisa, al ver a la chica entrando al lugar, y después vio a su acompañante, a la que dedicó un ligero inclino de cabeza - ¿Cenará?
- No lo tenía pensando, pero ahora que puedo oler esta delicia, ¡sí! - asintió ella, apoyándose en la encima, mirando una cesta de frutas que estaba llena, y de la cual decidió que uno de esos melocotones sería su postre.

Como siempre, cenó en la cocina. El comedor era algo que nunca utilizaba, excepto cuando su padre estaba en casa, y siempre se sentía incómoda en él.

La mesa estaba situada al lado de una preciosa pared de cristal en forma de arco, desde la cual se podía vislumbrar el exquisito jardín y a varios hombres de negro repartidos a lo largo.
Clara le sirvió la comida con su acostumbrada sonrisa y se paró a ver a la mujer que se había apoyado en una pared, con los brazos cruzados y la mirada seria puesta en los mismos cristales en donde Mia tenía los suyos.

- Señorita Nyssa, ¿cenará también? - era una pregunta en vano, puesto que durante tres meses había venido repitiendo la misma respuesta, pero aun así tenía que intentarlo.

Nyssa solamente negó con la cabeza, sin tan siquiera hablar.

- Clara, ¿y Sven? Tengo algo que hablar con él.
Además de llamar la atención de Clara, también llamó la de la otra mujer.
- Mi niña, me temo que será imposible, tu padre lo reclamó para acompañarlo a uno de sus viajes, seguramente esté de regreso para el fin de semana - informó la mujer con un claro acento latino, a pesar de que se intentaba desenvolverse en el inglés lo mejor que podía.
- ¿Qué? ¡…l era mi última esperanza! Me temo que suspenderé... - Mia dejó caer sus hombros y se levantó para coger el melocotón con desgana.

Caminó a su habitación con esos pasos acompañándola, como siempre y ambas se separaron justo cuando la adolescente se metió a su cuarto.

Nyssa poseía uno justo a su vera, por su seguridad.

Mia se dejó caer en la cama boca arriba y dio un mordisco a su fruta. Debía de intentarlo por ella misma... así que con energías se sentó delante de su escritorio y se dispuso a estudiar esas fórmulas que la llevaban de cabeza.

Aunque dos horas después decidió que era imposible y se distrajo mirando la pared.

- Quizá Nyssa sepa...

Mirando la hora, un poco tarde ya, y con algo de reparo cogió el cuaderno para salir de su habitación con sigilo y llamar a la puerta después.

- ¿Quién es? - la voz sin sentimiento alguno respondió, y ella se puso tensa sin saber por qué.
- Mia...
La puerta de madera blanca se abrió al instante, dejando a la muchacha algo petrificada, puesto que no se esperaba que la recibiese justo así.
- ¿Ocurre algo, señorita?
Pero Mia no podía articular una palabra, perdida en esa piel bronceada que relucía bajo una pequeña luz.
- ¿Señorita?

Por fin, Mia pareció reaccionar, y la miró con un ligero rubor en las mejillas.

- Perdona por irrumpir a estas horas, pero... ¿sabes algo de fórmulas matemáticas? Tenía la esperanza de que Sven estuviera y pudiera ayudarme, pero no está, y mañana tengo un examen importante...

Nyssa no dijo nada y simplemente le cogió el cuaderno con decisión y releyó por encima. Mientras ese reconocimiento a las fórmulas, Mia hacía otro.

Nyssa estaba vestida nada más que por una toalla blanca, que resaltaba ese moreno en su piel, y algunas gotitas de agua aun resbalaban por ella, logrando agitarle el corazón.

Pero eso era algo que no entendía.

Nyssa terminó por asentir y le dejó que entrara a la sencilla habitación, que no contaba con ningún objeto personal. Solamente parecía como si estuviera de paso.

Le indicó que se sentara mientras terminaba por cambiarse, y en esos minutos que tardó se sintió algo incómoda.

Era la primera vez que estaba allí, y que intercambiaría más de una palabra con ella, en tres meses.

Al poco salió vertida en un chándal blanco y rojo que le había podido ver algunas veces, mientras entrenaba en el jardín, peleando contra uno de los guardaespaldas que la había retado con una típica frase machista.

Esa vez ganó ella, y echó el orgullo del hombre por los suelos.

Mia le explicó las dudas e increíblemente Nyssa logró explicárselas con tal facilidad que pudo hacer ella misma los ejercicios.

- No sabía que se te dieran tan bien las matemáticas - comentó Mia, mientras cerraba el cuaderno y se levantaba para marchar a su habitación - ¿Si vuelvo a tener problemas podrás ayudarme?

Ella asintió sin ninguna emoción y abrió la puerta saliendo, asegurándose de que Mia entrara en la suya.

- Buenas noche, señorita.
- Buenas noches, Nyssa...

Mia se acostó comprendiendo la atracción de sus compañeros y la admiración de sus compañeras hacia ella.

Nyssa era una mujer muy bella, a pesar de parecer siempre triste. No, a pesar de estar siempre seria, puesto que nunca le había visto sonreír.
Nunca había visto ningún gesto en ella.
Y quería verlo... quería saber más de ella...

to be continue...