miércoles, 16 de diciembre de 2015

Delirium - Capítulo 15


Buenos días yurifans. 


Hoy les traigo algo que todos quieren, que todos piden, que todos imploran. 
Nos lo habían pedido hasta la saciedad y por fin estamos sumamente complacidas de traer nuevamente Delirium (no sabe lo emocionada que yo estoy), por supuesto, gracias a nuestra talentosísima colaboradora Aru, autora de esta magnífica historia.
Siempre muy agradecidas contigo.

Aru también desea que sepan que continuar y finalizar este trabajo ha vuelto al top de sus prioridades, así que hay aún más y más por celebrar (que no solo las lectoras son muy fans de esta historia, yo misma me confienso fiel seguidora de este trabajo).

No la hago más larga, yurifans. Aquí el Capítulo 15 de Delirium.






Capitulo 15: Sentimientos de culpa

Shane no había podido concentrarse en nada desde que el sol alzó y bajó su mirada por el borde de la llanura. El encuentro, la pelea, el beso con Lily había significado más que un deguste, era aquél renacer entre las cenizas. Se sentía aliviada, tranquila, una vampira dispuesta a la paz.

Su mente andaba a mil por segundo en donde cada uno contaba. Estaba preocupada por todo lo que afloraba en su pecho, nunca esperó sentir esa clase de cosas. Al tocar los labios de Lily por primera vez, sintió un choque eléctrico, un estremecimiento que no vio venir, muchas cosas revivieron en esos instantes e incluso pudo jurar, que nacieron algunas mariposas en su estómago.  

Rayos, debí verme como una colegiala enamorada” Se dijo con molestia a sí misma al imaginarse como una tercera persona en la cocina en aquél momento. “Bien hecho idiota, te fuiste por la borda”

Luego de ese beso, su primer beso, tuvo que reprimir las ganas de todo y dejar ir a la rubia por la paz, se miraron tímidamente mientras le vio subir las escaleras, aún algo avergonzada e incrédula, y todavía en esa situación, se aseguró de memorizarla hasta que se volvieran a ver.



Quiero verla…” Ese deseo definitivamente le tomó por sorpresa. Ahora sí se sentía como una adolescente por las nubes ¿Querer verla? ¿Desde cuándo pensaba ella esa clase de cosas? No, no podía dejar que lo que sea que estuviese naciendo en ella le pusiese a dar vueltas soñadoras por el universo, además, aún había peligro, si… era cierto, el peligro que siempre acechó a su raza y por el cual el amor estaba prohibido.

Hacía mucho tiempo que nada como eso le preocupaba ya que, por razones obvias, no era fácil acercarse a Shane lo suficiente como para hacerle desarrollar sentimientos. Desde muy joven había aprendido la diferencia esencial y vital entre el amor y el sexo, lográndose separar instintivamente y teniendo éxito siempre en sus encuentros con mujeres.

Pero Lily había demostrado ser digna de confianza. Es decir, Shane realmente no se imaginaba a la rubia poniéndola al descubierto, ese carácter tan jodidamente correcto y la intachable conciencia no le hacían apta para tal cosa.

Pudiese ser que con Lily todo fuese bien…

No estaba nada segura de cómo manejar la situación, si sus impulsos habían sido para bien o para mal, por un lado su pecho le decía una cosa, y por el otro, su fría y calculadoramente siempre presente.

Pero a pesar de concluir que se sentaría a pensar bien las cosas en su hogar con un buen vaso de whisky luego de terminar sus asuntos, nada pudo mitigar el deseo de ver a Lily, en ese mismo instante, en el acto.

Suspiró profundo y resolvió algo rápido para cubrir el antojo, mientras tanto, debía concentrarse en los asuntos pendientes que debía zanjar y que de finiquitarse lo antes posible, daría un poco de espacio en su agenda para pasar rápidamente por el restaurant. Esa noche el gerente bancario regresaría de la isla y debería arreglar los papeles para tenerlos listos a firmar.

Shane esperó en el aeropuerto con una sonrisa extraña en sus labios mientras se veía a sí misma en el vidrio del auto.

“Qué carajos es esta cara que estoy colocando

Luchaba por mantenerse enfocada, tan impasible como siempre, tan ser de temer. Esperaba en la limosina mientras su única imagen en su mente le aturdía hasta la desconcentración.

Vaya, realmente me gusta” Pensó “¿Que tan difícil sería llevarla a la cama?” Su sonrisa le delataba, estando en el aeropuerto, la cosa que menos le interesaba, por sorpresa, era cerrar el trato del estacionamiento que tanto añoró. Se imaginaba a la rubia en su habitación, una botella de un buen vino y luz de velas;  luego verla frente a ella mientras suave seda caía por su cuerpo dorado. Casi podía detallarla en su mente, vaciando sus ojos en sus curvas, deleitándose con su fragancia “Vista digna de un rey…” Dijo para sus adentros con deseo.

Esperó cuarenta minutos más en donde no paró de ver su móvil, al pendiente de que la rubia le escribiese algún percance del restaurant en cualquier momento.

Repentinamente sonaron tres toques en el vidrio y Shane ajustó su arma a un costado instintivamente, no se sorprendió al ver al gerente asomado en la oscuridad de la ventana, de inmediato bajó el impedimento.

-Espero haya tenido unas buenas vacaciones, gerente.-Soltó con su sonrisa tranquila y calculadora-He reservado dos limusinas para trasladarlo a usted y a su familia a su hogar, espero no le moleste acompañarme solo a mi…-Soltó, y un dejo siniestro se coló en su voz, el señor le captó enseguida.

-Por supuesto, la he pasado genial, le diré a mi esposa que cargue a los niños en el otro vehículo.-Apremió algo sombrío, una gota de sudor rodó por su mente- Los acomodare para que podamos hablar con tranquilidad…

Pasaron unos veinte minutos en donde pasar equipajes de un sitio a las maletas de los autos se volvió tedioso, Shane tenía mucho más que hacer con su tiempo que eso. Muy pronto, el hombre obeso terminó su faena y abordó el vehículo sin mucho protocolo.

Las dos limusinas empezaron a andar.

-¿Cómo estuvo Hawái?-Comenzó Shane, aparentemente amigable.

-Excelente, mi familia y yo nunca habíamos conocido playas tan espléndidas, ha sido un verdadero deleite…-Afirmó el señor enseguida.

-Me complace de que su estancia haya sido de disfrute…-Inició con una sonrisa, pero su semblante cambió repentinamente a la Shane de negocios- Ahora, usted y yo tenemos cosas que discutir.

-Con respecto a eso…-Inició el hombre, ya sudoroso antes de que pudiese empezar siquiera a explicar.-El gobierno ha implementado medidas severas contra la venta de acciones públicas, me temo…-respiró hondo.- …Que otorgarle la propiedad será más difícil de lo que pensé…

La sonrisa en Shane desapareció, así como su corta paciencia; el gastar su dinero en inversión no había sido suficiente porque aun así, tenía a un viejo regordete queriéndole sacar más, como si fuese una niña acabada de entrar en un nuevo arenero. Una vena de molestia surgió de las entrañas de su ser.

-¿Ah sí?...-respiró por unos segundo

-Bueno…-Se aventuró a explicar el señor, algo nervioso- Las barreras regulatorias se han incrementado, señorita, los papeleos no se harán tan fácilmente desde que Su Realeza está tan pendiente en cómo se administran los fondos públicos…

El viejo no advertía que no sólo jugaba con fuego, sino con lava ácida.

-Ya veo…- Soltó ella en una sonrisa casi salida del infierno, pero intentó resguardar la calma hasta que el momento lo requiriese- ¿Qué significa eso?

-Bueno, requeriré algunos contactos, conexiones para que pueda firmar el contrato de propiedad como tal, pero me temo que eso requerirá más capital de la que le calculé en un principio…

Shane procesó unos segundos lo que el hombre le decía, y luego bajó la mirada, bufando un poco y con una leve sonrisa de burla, incrédula de que existiesen personas que no conocieran la seriedad de los contratos de Shane, casi de sangre. Sin aún mirarlo, la Desert hizo una de sus maravillosas entradas, soltando un brillo relampagueante que destelló en los ojos ahora aterrados de señor regordete. La mirada de la vampiresa se llenó de una peligrosa ventisca. Su sonrisa desapareció de sus labios.

-Escuche con mucha atención-Jaló con lentitud el puente de la pistola, cargándola, viendo su mano deslizarse por el acero, y luego clavó sus dagas en el señor-, porque no lo repetiré.

Se inclinó un poco hacia adelante, sin perder su tranquilo y peligroso semblante, cruzó sus largas piernas en un delicado movimiento. Su compañero ahogó un gritillo de terror sin dejar de ver el arma.

-Yo... No tengo mucha paciencia ¿Me entiente? Es uno de mis defectos- Comenzó algo amena. El hombre empezaba a sudar profusamente- Y cuando hago tratos, espero que se cumplan, sin el mínimo error cometido o cambio de planes.

El hombre desvió por un momento la mirada de la pistola hacia la ventana del vehículo para darse cuenta que la limusina que transportaba su familia había cruzado en una esquina en dirección a casa, y que él y Shane seguían un camino recto, hacia un destino desconocido. Estaba aterrorizado ante el hecho de no saber dónde irían.

Shane se levantó de su asiento y se colocó al lado del señor, pasó un brazo por sus hombros, mientras sostenía el arma donde pudiera verse. Aún sin perder su tono ameno, continuó hablando.

-Tengo fama de despiadada, pero ese título que se me ha dado es injusto.

Muy pronto el hombre notó como los edificios empezaban a desaparecer, dándole paso poco a poco a zonas de verdes campos. Shane continuó.

-Yo realmente no soy una asesina, sólo me gusta que las cosas se hagan como las ordeno, como las planeo. Bien, ordenadas, limpias.

La limusina se estacionó en un sitio abandonado, más allá de la carretera principal, por un callejón estrecho de piedra y fango, tragado por maleza seca y la nieve. En la tiniebla de la noche no se podía vislumbrar nada. De repente, la puerta se abrió -¡NO!-, y el hombre fue sacado con violencia por dos pares de poderosos brazos. Fue tirado al piso al tiempo que volvía para ver a dos hombres parados frente a él, posados a los lados del umbral del vehículo por el que Shane aparecía apasiblemente, incorporándose con tranquilidad y aspirando el frío aire de la noche. El señor permaneció tirado en el suelo, llorando sin control, veía la imponente figura de esa peligrosa mujer recoger las mangas de su camisa negra con la intención de no ensuciarse demasiado.

-Bien, como le iba diciendo- Avanzó unos pasos hacia su víctima- Me gustan las cosas como las ordeno-Luego apuntó la Deser Eagle justo a su cabeza- Y cuando no es así, me veo en la obligación de tomar medidas extremas, aún si no quiero hacerlo. Es algo bochornoso ¿Me entiende?

El hombre casi no podía hablar entre lágrimas y otros fluidos. Intentó gatear de espaldas fuera del peligro inminente que representaba Shane, pero fue detenido por sus hombres. La pelirroja avanzó aún más hacia el manojo de terror, y en el filo de la noche, su mirada se tornó más sanguinaria que nunca, resplandeciendo tanto como su arma.

-Ahora bien, maldito bastardo.-La punta del cañón de la Desert entró lentamente en la boca del hombre, quién empezó a gemir y a llorar aún más, el sabor del metal y la pólvora inundó sus sentidos-Quiero mis papeles listos para firmar mañana por la noche. O sino, tu y toda tu familia no vivirán para ver dos amaneceres seguidos. ¿Me has oído? No hay sitio al que puedas ir sin que yo te encuentre, así que no te molestes en desaparecer.-El tono de Shane era de sumo peligro- No me importa si tienes que mamárselo a toda la Familia Real. Quiero los malditos papeles de propiedad.

El hombre estaba tan aterrorizado que apenas sí podía asentir con la cabeza. No había palabra alguna que pudiese salir de su resquebrajada garganta.

Shane no llevaba un ranking de los hombres y mujeres que había sometido a lo largo de su vida, pero ese señor estaba en la lista de los más asquerosos. Cuando vio una mancha húmeda comenzar a extenderse rápidamente entre los pantalones del hombre, la pelirroja no hizo más que soltar un bufido.

-Tienes que estar bromeando...-Relajó sus hombros, sacó la Desert de la boca de su víctima y se la pasó a uno de sus hombres para que la limpiase.-Considérate afortunado de que te dejaré ir en una pieza.-Dijo mientras se montaba de regreso en la limo.-Ten, aquí tienes dinero para el autobús. Ni soñar que dejaré que ensucies mi auto, das asco.-Lanzó unas monedas a los pies del manojo de nervios, y cerró la puerta tras ella.

El vehículo emprendió su marcha de regreso por donde había venido. La vampireza tocó levemente la ventanilla hasta la cabina del conductor.

Ahora… ¿A qué iba…? Ahh...Si, a hacerle una pequeña visita a Princesa

Sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. Su primera calada fue profunda, como si el humo en sus pulmones le hiciera vaciar su deseo, como siempre, acompañada de la nicotina, comenzó una nueva ronda de meditación.

Lily era demasiado hermosa como para que Shane no sintiera un impulso irresistible de colarse en su mente para tomar su cuerpo, pero estaba casi, sino completamente segura de que no sería una tarea fácil, sin embargo, habían cosas que perder si metía la pata. Tenía suficiente confianza y experiencia como para creerse no fallar, pero un paso en falso y todo se iría a la mierda, no más besos, no más aperturas de acercamiento, no más oportunidades de probar esas misteriosas curvas.

Luchaba entre el querer y el deber.

Una mirada grisácea se cruzó en su imaginación.

“Alice me mataría si descubre que nos besamos”  Le dio otra calada al cigarrillo. A lo largo de los años la rubia platinada se las había ingeniado para aguantar los actos miserables de Shane, toda clase de mujeres hermosas y actividades sexuales. Recordó con gracia cuando Alice irrumpió en su cuarto de hotel mientras la vampiresa diligentemente se encontraba jugueteando con dos chicas en la tina del baño. “Bueno, ‘aguantar’ creo que no sería la palabra indicada” Rió un poco ante la memoria de una rubia abalanzándose contra ellas en un ataque de ira. -!TE CASTRARÉ! !LO JURO SHANE TAYLOR! ¡USTEDES DOS, LARGO DE AQUÏ!- “Berrinches innecesarios…” Pensó. Otra calada. Luego de que hubo sacado a las chicas a patadas y de comerse a Shane con palabras, se quedó con ella, cambió el agua de la tina y se sumergió con la pelirroja sin haber cambiado su semblante. “Pensándolo bien, es endemoniadamente sexy cuando folla molesta, rayos, cómo mueve sus caderas casi como si quisiera arrancarme la mano del brazo” Recordó el calor y la suavidad de su cuerpo mientras estaba encima de ella dentro del agua, martillando sus caderas violentamente hacia abajo para que la vampiresa la penetrase mejor, para que llegase hasta lo más profundo y la llenara por completo, moviéndolas en forma elíptica sin dejar de subir y bajar.

Debería hacerla explotar más seguido

Shane tenía que aceptarlo, Alice era un deleite para quien fuese, sus hermosas y largas piernas, su pequeña cintura, sus pechos perfectos, el cómo su cabello ondulado caía a los lados de su rostro, sus ojos grises de largas pestañas, rojos labios provocativos.

“Creo que he sido muy negligente con ella últimamente gracias a Lily… Es por eso que ha estado de humor de perros”

El aparentemente permanente mal humor era algo que caracterizaba a Alice, sobre todo en cuanto a los actos de Shane se tratase, desde niña siempre la vigiló con recelo.

Desde niña… eh?” 

El semblante de Shane cambió un poco dentro del vehículo ante esas palabras mentales, observando a la nada, su cigarrillo cerca de acabar y mostrando ser insuficiente para mitigar la ola de pensamientos. Sus ojos se tornaron en una amalgama de sentimientos nostálgicos y de culpa. Hacía tiempo no recordaba aquellos días en donde Alice era sólo una niña, inocente, víctima y sufrida. 

Sin realmente quererlo se dejó caer de lleno en el asiento y suspiró profundamente, seguido del encendido de otro cigarrillo. Respiró hondo y cerró sus ojos por un momento ante lo que sabía iba a ser un refrescamiento de conciencia.

La aldea estaba casi completamente destruida, escombros, cadáveres y fuegos esparcidos hasta donde la vista pudiese alcanzar, el humo se tornaba en una niebla espesa mientras nubes tormentosas se empezaban a formar en el cielo. Shane casi podía sentir lástima por la gente inocente que murió a causa de una cruzada entre sus hombres vampiros y los licántropos. Había sido una redada sorpresa, y victoriosa por su encuentro, se paseaba por el valle de muerte mientras buscaba indicios de algún rezagado lobo que pudiese haber intentado ocultarse entre los maderos carbonizados, pero al parecer, había sido una masacre con todas las de la ley. Su armadura negra estaba atestada de sangre, al igual que la hoja de su arma, un leve cansancio asomaba por sus ojos celestes mientras resolvía que al volver al castillo, necesitaría una buena limpieza.

Caminaba por encima de cadáveres, pisandolos y abriéndose paso sin ninguna clase de remordimiento. Sus hombres fueron encomendados a la misma búsqueda, repartidos por lo que quedaba de la ahora inexistente aldea, removiendo escombros y asestando muerte a los escasos sobrevivientes.

Mientras Shane se concentraba en detallar con su vista,  de entre el crujir de las llamas que aún permanecían llegó a ella el escaso sonido de de un llanto desesperado, intentando por todos los medios ser aplacado para pasar desapercibido. Al voltear su mirada a la fuente, notó desde su posición a una niña de ropajes hecho jirones, ensangrentada y llorando, intentando desesperadamente sacar algo de entre los maderos que antes habían sido su hogar.

Shane no vaciló antes de emprender su corto camino hacia la pequeña humana, apretando su arma, se disponía a darle fin a tal sufrimiento de una sola estocada.

A medida que se acercaba los llantos se hacían cada vez más nítidos, palabras empezaron a cobrar sentido entre sus lágrimas.

-¡Aguanta! ¡Por favor aguanta! ¡Te sacaré de allí!-Decía la niña desesperadamente, intentando con sus manos quemadas y rotas mover los ardientes pilares, un cuerpo más pequeño se asomaba desde afuera de la destruida morada, la mitad de su ser siendo aplastado por el peso de los escombros. La niña jalaba el pequeño brazo con desesperación.

Tal era el pánico que la niña no notó el acercamiento de Shane hasta que se hubo posicionado justo detrás de ella. Volteó con ojos llenos de lágrimas y terror, sin dejar de sujetar el pequeño brazo, sus piernas dejaron de responder ante la mirada de esos ojos glaciares asesinos que se quedaron posados en ella, asumiendo ya su casi segura muerte. Las lágrimas no dejaban de acumularse en sus ojos y caer estrepitosamente por sus mejillas llenas de hollín. Aún después de que cayó al suelo, viendo a esa imponente figura frente a ella, no dejó de sujetar el brazo de dueño desconocido.

Shane dió un leve vistazo a la escena sin moverse ni un milímetro.

-Está muerto-Declaró al ver que no habían respuestas de vida del cuerpo que yacía bajo los escombros- No malgastes tu tiempo-Su voz era fría y distante.

-¡NO LO DEJARÉ !- Exclamó la niña con ojos desafiantes.

A pesar de la gran amenaza, los ojos grises no vacilaron en clavarle dagas a los celestes. Shane sonrió levemente, le gustaba su actitud.

-¿Crees que tú, pequeña humana, puedes sacarlo de allí?

La pequeña no contestó, negada en dejar el brazo de su hermano, dándole la espalda a Shane para intentar sacarlo de allí, desesperada, adolorida, sola y fuerte. Sus rodillas estaban rotas, quemaduras cubrían su cuerpo, hilos de sangre deslizándose sobre su rostro, pero estaba ahí, indispuesta a dejarse vencer a pesar de tener a la persona más peligrosa que haya podido imaginar a sus espaldas, poniendo delante el deseo de salvar a su hermano que a su vida misma.

Shane nunca había visto tal coraje en algún humano.

De repente se sintió admirada por tal aínco, para ella, los humanos eran seres inferiores, egoístas, básicos y cobardes, cuya mísera vida no valía más que el polvo. Pero a pesar de todo se encontraba en ese sitio, admirando a una niña que demostraba un valor que nunca vió en alguien jamás. La pequeña rubia era especial.

Se acercó más, curiosa de la conducta humana, deseando saber un poco más acerca de aquellos seres caóticos. Su rodilla tocó el suelo para estar a la altura de la niña, cuyo salto hizo reír un poco a Shane en sus adentros. Al tenerla más cerca, pudo detallarla con un rápido vistazo, fuera de toda la suciedad e inmundicia, la niña prometía crecer para alcanzar una hermosa madurez, tan exquisita que la vampiro pudo deleitarse sólo con imaginarla. Sonrió, avara.

-Hagamos un trato, niña humana.-Shane volvió a incorporarse, su semblante serio, pero ya no tan cargado de amenaza. Esperó que la pequeña rubia pusiera atención a sus palabras- Yo salvaré a tu ser querido y te dejaré vivir. -Luego volvió a sonreír levemente- A cambio, debes servirme el resto de tu vida.  

La niña no procesaba sus palabras, muy grandes para un ser tan pequeño con una mente tan inmadura. Pestañeó levemente y sacudió su cabeza. Sabía sobre los vampiros, estaba plenamente consciente del peligro que representaban esos seres y el miedo que sembraban en las personas. Vio tanto tributos caminar hacia ellos, sin nada que poder hacer; las mujeres jóvenes más hermosas eran ofrecidas a la familia vampírica para funcionar como servidumbre a cambio de paz y protección.

Su hermana mayor había sido una de ellas.

Y ahora se encontraba ahí, desesperada y teniendo una oferta que nunca se imaginó. ¿Sería capaz de servir a una vampiro toda su vida a cambio de…?  

-¿P-puedes salvarlo?-Un atisbo de esperanza se coló en sus ojos. Su voz era un hilo.

-Si, sólo tienes que aceptar mi trato.

De buenas a primeras no contestó, y Shane se vio tentada a presionar un poco más. Dio unos pasos hacia atrás y se sentó en un escombro, sacó su arma y comenzó a retirar la sangre con un trozo de tela, su rostro se tornó ameno. -Te recomiendo que tomes una decisión rápido-Dijo sin subir la mirada de la espada- No le queda mucho tiempo de vida. Unos minutos ¿Tal vez?-Ponderó, sintiendo el débil corazón y sus pausados latidos desde abajo de la casa destruída, haciéndose cada vez más borroso.

La pequeña rubia miró la mano pequeña entre la suya, quemada y golpeada, su calor casi desvanecido, dejándose caer cada vez más. Estaba sola e indefensa, ya no tenía familia, sus padres, sus hermanos..., sólo le quedaba él, y estaba muriendo. A su corta edad no podía soportar el perder lo último que le quedaba, pasar sus días arrepintiéndose. No. Haría lo que sea para salvarlo.

Resolvió su respuesta con decisión.

-Prométeme que lo salvarás.-Pidió solemne, sus ojos grises se encontraron con los árticos. Shane volvió a sonreír.

-Lo prometo-Soltó a lo que se incorporó lentamente de su sitio, guardó su arma y se hincó de rodillas hacia la niña.-Sabes cómo es ésto ¿Verdad? Por tu potencial y tu edad, debieron haber comenzado tu educación.

-Sí…-Contestó, recordando el día en que su padre su padre le había informado que por su belleza, al alcanzar su madurez sexual, sería llevada a los vampiros. A esas niñas se les destinaba una educación diferente. -¿Dolerá?-Vaciló.

-Sólo al principio. Luego pasará.-Una chispa centelló en los ojos de la vampiro a lo que pasó completamente su mirada en la pequeña, se convertiría en uno de sus mayores tesoros. Alzó su mano y con sus dedos la tomó por el mentón, con la otra rodeó su cuerpo y la acercó más a ella. Sus palabras llenas de expectativas- Serás una bella mujer. La más hermosa de todas…

Le habían dicho eso incontables veces en el pasado.

La niña enrojeció violentamente al sentir aquellos ojos posarse en ella, mientras la vampiresa la tomaba entre sus brazos un extraño sentimiento sofocó sus entrañas, se sentía hipnotizada, sus ojos se perdieron en la bruma mientras intentaba ser consciente de los labios que se hallaban posados en su cuello. Un calor comenzó a recorrer su cuerpo cuando dos colmillos provocaron un auge momentáneo de dolor, seguido por una ola de éxtasis. Aquello era nuevo para ella, ardía mientras su sangre brotaba de la herida, y al mismo tiempo, una presión en sus venas hizo que su corazón se acelerara a mil por segundo, tensando sus músculos, enviando una electricidad casi insoportable por todo su cuerpo. Arqueó su espalda a lo que fue sujetada por fuertes brazos. No podía contener aquella amalgama de sensaciones físicas, su cuerpo estaba al borde de estallar, asimilando los cambios que Shane estaba provocando en ella. Sus heridas comenzaron a sanar y gemidos se hicieron presentes en su boca. Su entrepierna pulsaba mientras se sujetó de Shane para asirse a algo entre los temblores de su inmaduro sexo. Llegó a un poderoso clímax y una vez bajado de la cúspide, sintió como su corazón desaceleró impresionantemente, latiendo extremadamente lento, mucho menos que lo natural, se hizo pesado y profundo. Sus músculos se relajaron y la electricidad desapareció.

No quedaron fuerzas en ella para mantenerse en pie. Su cabeza daba vueltas. Apenas podía mantener sus ojos entreabiertos.

Sólo pudo sentir como la vampiresa retiró su rostro de su cuello y la depositó delicadamente en el suelo. Vio como Shane retiró todos los pedazos de madera que ella no pudo mover con una ridícula facilidad, y moviendo algunas piedras, sacó al niño en sus brazos. Se hincó de rodillas nuevamente, junto a ella.

La vampiro admiró por unos segundos el rostro de ese niño tan pequeño, y se maravilló por su fortaleza de aun seguir con vida. Por primera vez su semblante realmente se suavizó, y soltó una leve sonrisa de benevolencia.

-No hay mucho tiempo. Pero dejame felicitarte, le has salvado la vida.-Le dijo Shane a la pequeña antes de clavar sus colmillos en el pequeño.

No pasó mucho tiempo antes de que sus heridas, como las de ella, comenzaran a sanar, pero aun así, luego de terminado el proceso, no se levantó.

-Estará inconsciente por unos días. No te preocupes.-Le dijo Shane en vista de la mirada preocupada de la niña, a quien cada vez más se le hacía difícil mantenerse consciente. Su mente se hallaba entre el aquí y allá. Una bruma negra nublando sus sentidos.

-Hey... - Nombres,…-cuáles son...- nombres...-Sus oídos fallaban a lo que escuchaba cada vez más lejos la voz de Shane.

-Su… nombre… es William....-Soltó como pudo, sólo le quedaban unos segundos de consciencia

-Yo… soy… Alice…-Fue lo último que pudo decir antes de desmayarse.

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Shane abrió pesadamente los ojos, el haber rememorado todos aquellos acontecimientos la hizo sentir extrañamente culpable y melancólica, suspiró con cansancio.

Shane convirtió a Alice en una de sus Novias, seres de los que los vampiros eran amos; mujeres hermosas con el dote de la inmortalidad. No eran vampiros, no eran humanas.

Capaces de vivir en normalidad como las personas, su objetivo era el de simplemente servir al vampiro que les había convertido, le pertenecían a ellos, como fuente de alimento, como compañía, servidumbre y uso sexual.

Luego de haber tenido cientos a su disposición, con el tiempo Alice demostró ser la única capaz de llevar la carga que suponía Shane; llegando a convertirse en la única Novia luego de siglos de acontecimientos. 

Habían pasado cientos de años desde que Alice y Will formaron parte de su vida y ahora su corazón se encontraba lleno de gratitud hacia esos dos seres que habían hecho de los tiempos más oscuros, tolerables.

Vivió para ver a Alice convertirse en la hermosa mujer fuerte que ahora era, no se había equivocado en ello. Pero nunca pudo predecir el lugar tan importante que ocuparía en su corazón, a pesar de nunca haberla podido corresponder correctamente.

El amor profundo que sentía por Alice era diferente a lo que se asomaba por su pecho al ver a Lily, eran dos cosas completamente diferentes.

Shane había tomado a Alice como su propiedad desde niña, viéndola crecer, aprender y desarrollar su personalidad tan problemática. La vampiro había sido su primera vez en todo, y con ojos concernientes presenció el cómo se convertía en el amor de la vida de la joven, llegando a un punto de la lealtad absoluta. 

Pero aún así, sentía imposible atar completamente a Alice. Shane se veía así misma como su madre, hermana, guía, más que como dueña o amante. El haber estado prácticamente toda su vida con ella le hacía incapaz de no sentir un profundo amor maternal.

La amaba con todo su corazón, pero no como Alice querría.

Eso la decepcionaba al punto de ignorar la punzada en su pecho cada vez que podía imaginar el amor de la platinada convertido en dolor, la magnitud de su deseo hecho angustia.

Era injusto para ella que Lily hubiese empezado a avivar una pequeña llama en Shane que Alice nunca pudo comenzar.

Ante tantos pensamientos sintió una terrible urgencia de verla, de abrazarla. Pero cuando se hubo dando cuenta, ya estaba en frente del restaurant.

Sacudió su cabeza para aclarar su mente y un deseo de ver a Princesa se apoderaron de ella por milésimas de segundo. En esos momentos, en su mente dos figuras rubias se peleaban por atención.    

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“Tu…también me gustas…”

Lily recordaba decir esas palabras con vergüenza agonizante y desahogo necesario al momento en que ese día, pilas de documentos yacían frente  su presencia, reposadas en su escritorio en el fastuoso restaurant que administraba para la vampiresa.

“Dios…debo concentrarme en el trabajo…” Decía a sí misma.

Cada vez que pensaba en lo que había pasado hacía unas pocas noches se enrojecía violentamente. Había sido una locura, tantas cosas acontecidas de una sola vez no le dejaban concentrarse en sus deberes apropiadamente, y ahora se encontraba en un mar de sentimientos desembocados que le mantenían fija y expectante a lo siguiente que ocurriría en su vida. Había flaqueado hasta lo más alto de su resistencia y ahora, sin querer y sin pensarlo, se encontraba sonrojada y desconcertada.

“¿Ahora qué pasará... con la convivencia, con nuestra relación?”

Las confesiones de aquella noche, en esa oscuridad íntima y silencio comprensivo, en donde un beso furtivo afloró de lo más profundo de sus deseos y estalló en un mar de sinceridad, desencadenando un revoloteo de expectativas que ahora no estaba segura si serían reales, o imaginadas por su mente.

Ese especial momento había sido un hecho espontáneo, dado por las circunstancias que se acomodaron perfectamente para dar paso a una nueva puerta desconocida, pero sin duda alguna, verdadera; pudo sentirlo en aquellos ojos celestes, esa sinceridad, esa calidez, esas ganas de aventurarse a lo inexplorado…

Pero algo en ella era amargo. No dejaba de pensar en aquél placer, pero tampoco en la futura agonía. No se imagina un buen escenario para todo aquello, se había dejado caer, besó a la chica que una vez juró odiar y que ahora no salía de su mente. Tantas cosas que había presenciado, y aun estando consciente de la terrible estirpe de Shane, ésta se las había arreglado para dejar una sensación grabada en el pecho justo de Lily.

Se reprendía a sí misma, la decepción mezclada con aquél placer nocturno que no abandonaba sus labios le tenía inquieta y pensativa. Se había dejado encantar por una semilla sin futuro, sin ofrecerle promesas, sin un cielo estrellado, sin risas incontroladas, sólo así, simple y sencillo, se había dejado. 

Lily hasta hacía poco días sabía perfectamente en dónde se encontraba: trabajando para una vampiro de la cual debía mantenerse alejada, que aparte de eso, era mafiosa, que aparte de eso, era mujeriega y que, para completar, tenía ya una acompañante: Alice. Sin embargo, al final y sin siquiera ella notarlo, ninguno de esos hechos había evitado que llegara a desarrollar sentimientos por ella. Qué impresión. Nunca se imaginó, en toda su vida, estar en esa situación jamás, pero ahora lo estaba, y tenía que ver cómo arreglárselas para salir, o mantenerse en ella, con vida.

La imagen de Shane no salía de su mente, su olor, sus labios, su mirada, su belleza, el cómo había acariciado su rostro con aquella suavidad, casi con delicada reverencia. Nunca se había sentido tan deseada y respetada al mismo tiempo, eso le maravilló, la forma en la que estaba casi segura, Shane no había tocado a nadie más.

Volvió a sonrojarse.

Aquél beso terminó en suaves suspiros, seguido de miradas que decían absolutamente todo en medio de aquella oscuridad adornada de un delicado aroma a leche tibia y a molestias pasadas.

Había tomado la mano de Shane, aún posada en su mejilla, y recordado cada segundo del tacto de su piel como muestra de sus sentimientos desbordados, podía sentir aún su pecho latir de manera fuerte pero pausada. No sabía nada con certeza, pero de algo sí estaba segura: las cosas serían diferentes de ahora en adelante.  

Un golpeteo firme se hizo sentir en la silenciosa oficina: “Pase”. Denunció Lily sin pensarlo mucho.

Nunca se esperó que tras el umbral apareciera una Shane de sonrisa tranquila con un ramo pequeño de flores en mano, pero fue así.

De inmediato la diferencia de semblantes se hizo notar en Lily, que dejó colar de entre sus ojos un dejo de nerviosismo, intentado ser cubierto por una fina capa de indiferencia. La rubia mantuvo su amenidad como pudo. Shane le hizo un gesto y avanzó con las flores, las depositó en uno de los floreros que reposaba cerca del escritorio de Lily. Ésta nuevamente agradeció dentro de su mente tan lindo detalle.

-No esperaba verte por aquí hoy-Dijo, bloqueando cualquier gesto de complacencia mientras acomodaba algunos papeles en el escritorio.

Lily no había tenido un encuentro propiamente dicho con Shane después del beso y la ligera confesión. Había evitado por todos los medios verla para poder aclarar su mente y corazón antes de que la vampireza se las arreglara para desordenarla aún más. Estaba casi segura de que su jefa había captado el mensaje ya que no la buscó por esos días. Pero ahora parecía que el hiatus que le había otorgado la pelirroja había acabado.

-¿Estás muy ocupada? Esperaba no ser ninguna molestia.

Lily sonrió. –Bueno, siempre se tiene tiempo para la dueña del lugar ¿No es así?

-Tal como yo lo veo, soy una inútil en estos términos, te  gusta hacer bien tu trabajo, yo sólo pongo dinero y me desentiendo del asunto.

-Ya que has dicho eso ¿Qué te trae por aquí? ¿Vienes a hablar con Antoine?

-No… no realmente.

-¿De qué se trata entonces?

Shane esbozó una sonrisa, avanzó, se sentó en la silla del visitante frente al escritorio gerencial y miró a Lily con ojos cargados de serenidad, algo había diferente en ese encuentro.

-Quería verte.-Soltó seco, pero suave.

Lily no pudo evitar enrojecer violentamente, pausó su actividad con los papeles para llevarse una mano a la boca, y acariciar el costado de su rostro, lo sentía hervir. Shane se mostró divertida con su reacción.

-No te burles de mi-Dijo entre molesta y apenada, a lo que volteaba para no encontrarse con la mirada de la vampiro.

-No me burlo de ti, sólo que me pareció una reacción muy linda. Por fin pude ver a una Lily que no me pateó el trasero ni bien entré por esa puerta.

-Lo haré si sigues hablando…-Lily no sabía qué decir, sólo quería dejar de estar tan avergonzada, no podía creer cuán fácil había caído en ese estado, pero prefería eso que una tonta cara de felicidad. Rehuía de la mirada de Shane.

-¿Hice mal en venir?-Escuchó a sus espaldas.

“Idiota… por supuesto que no…” Pensó la rubia.

-No, no has hecho mal, no estaba tan ocupada como parezco.-Pausó un momento, desviando un poco su respuesta, continuó con su voz levemente alterada en nervios –Iba a bajar a socializar con los comensales. Tal parece que les gusta ver que son de importancia para el restaurant. –Avanzó y tomó un pequeño juguete antiestrés de uno de los estantes.

-No creo que sea por eso… Más bien, a las personas les gusta sentir que tienen la atención de una hermosa mujer.

Lily volvió a enrojecer, Shane parecía impasible, sonriendo encantadoramente, sentada aún en la silla, viendo como la rubia se movía por la habitación. Le divertían sus reacciones, y le extrañaba ver cuán poco acostumbrada estaba la chica a los cumplidos.

-Si sigues tomándome como chiste me voy a molestar en serio.-Por fin aseveró su semblante, irritada de no poder contener cosas y de que Shane las pudiese ver con tanta facilidad.

La pelirroja se paró ante sus palabras y se acercó a la rubia, acortando distancia, hasta llegar al borde del espacio personal.

-Nada de lo que he dicho desde que llegué ha sido un chiste-Los penetrantes ojos celestes se posaron en los orbes dorados, queriendo impregnarse con su calidez-Todo ha sido en serio, eres una hermosa mujer…; Y quería verte...-De pronto su sonrisa dio paso a un gesto de hipnosis, detallando nuevamente todo de Lily, acercándose un poco más para sentir ese aroma que le había hecho desvariar.-Es extraño, incluso consciente de que esto es mala idea, he pasado todo el día esperando el momento en poder venir hasta acá...-Las palabras se apagaban con cada centímetro gastado, Lily intentaba mantenerse en sus cabales antes sus palabras. Con el acercamiento de Shane, la rubia daba un paso hacia atrás para no incendiarse con su presencia; hasta que tocó el borde de su escritorio con la parte trasera de sus muslos. Se había quedado sin espacio para retroceder. Posó sus manos en la pieza de madera, dejando el juguete de lado e inclinándose un poco hacia atrás.

-Sólo quieres hacer de las tuyas…-Soltó suave, cautiva ya por los encantos de Shane, pero no olvidando, incluso en esos momentos, lo mujeriega que era la vampiro, y todas las veces que pudo haber usado esas líneas.-Has de haberle dicho eso a millones de chicas…-

Un centímetro menos.

-No, no lo he hecho.

-Mentirosa…

-Si me dejas besarte podrás averiguar si miento o no…

Sus rostros estaban a milímetros. Lily podía saborear ya aquellos labios, los deseaba, con amargura los deseaba, pero dejarse caer en los encantos de Shane aún le ponía reticente. Sus ojos le provocaban, su leve sonrisa, su semblante dominante, aquella esencia perfecta. Shane tanteaba el terreno para averiguar sus posibilidades, moría por besarla, por tenerla cerca, y sabía que, jugando con el fuego que suponía Lily, debía ir con cuidado para no salir quemada. Luego de sus palabras hizo una pequeña pausa para que hicieran efecto en su compañera. No se imaginaba irse sin probar esos labios.

La mano de la rubia subió hasta el cuello de Shane, acariciándolo a un lado con su palma, jugando un poco con su cabello, detallando cómo la piel se erizaba bajo su tacto, las dos mentes se nublaron, y le permitió a la pelirroja acercarse un poco más.

-Sólo esta vez…-Dejó escapar en casi un suspiro, antes de que Shane la tomara con sus fuertes brazos por su cintura y la halara delicadamente hacia ella, aprisionando sus labios contra los suyos en un movimiento majestuoso y casi sublime. Lily tomó entre sus manos el rostro y el cuello de la pelirroja en una muestra de apertura. Las respiraciones y el lento ritmo del beso lo decían todo, aquél momento había sido anhelado en secreto por las dos, la manera en la que cada pequeña pausa era intensa, en donde gozaban de la leve voz de la otra transformada en suspiros. Se deleitaban con cada segundo propuesto para aquella muestra de deseo reprimido. A Lily le encantaba la manera en la que se sentía cubierta, protegida por Shane y su abrazo. Sus manos eran respetuosas, sosteniendo apenas la parte media de su espalda y cintura sin moverse de allí, el agarre en su justa medida, los movimientos correctos, el compás adecuado; Shane danzaba alrededor de ella con reverencia absoluta.

Luego de que se saciaron momentáneamente se separaron, y la vampiro abrió sus brazos para permitir, con sumo dolor, que la rubia retomase un leve espacio. Se maravilló al ver lo sofocada y enrojecida que había quedado su compañera, se arreglaba el cabello y la compostura con timidez, no queriendo sostener aún su mirada. Shane nuevamente se tomó un instante para apreciar a Lily, la delgadez artística de su cuerpo, sus curvas generosas, la delicadeza de sus manos, lo fino de sus puntas. Su completa feminidad.

Shane no lograba saciarse lo suficiente, su mente era un solo manojo de instintos, de temeridad. 

Con una de sus manos, tomó el mentón de la rubia y alzó su mirada con suavidad. Esos ojos dorados le encantaban, ese brillo que proponían ante el deseo. Nunca tendría suficiente de ellos de la forma en que se colaban en su azul ártico.

La pelirroja avanzó nuevamente, ésta vez más poseída por su hambre.

Volvió a sujetar a Lily entre sus brazos y la trajo hacia ella.

Sus labios chocaron con más fuerza y menos timidez ésta vez. Comiéndose entre ellos y probando la textura de sus enteras bocas. Instintivamente Shane colocó un poco de presión con su cuerpo y sentó a Lily en el escitorio sin dejar de besarla. La rubia abrió un poco sus piernas para dejar a la vampiro pasar.

Estando ya encajadas la una con la otra, la rubia acomodó su mano en el cuello de Shane, sujetándola y controlándola, gesto que encantó a la pelirroja, mientras encontraba un punto de apoyo en su mesa con su mano, y con la otra halaba a Lily hacia ella desde su espalda a la altura de la cintura, haciéndola arquear y empujando el beso a más profundidad.

Lily no podía controlarse más, estaba impresionada consigo misma y embriagada por la cascada de sentimientos que se desataban en ella, y disparando una pequeña electricidad que fue a parar a su entrepierna, un calor comenzó a hacerla vibrar mientras sentía que se derretía.

Abrió sus labios para permitir a la vampiresa pasar, necesitaba aquello, su cuerpo rogaba por una sensación aún más completa. Ya con este libre acceso, Shane coló su lengua dentro de su boca y danzó con la de la rubia en un movimiento rítmico.

Por fin se probaban a toda profundidad, explotando el deseo. El calor en la oficina aumentaba mientras los gemidos ahogados comenzaron a aparecer. Shane posó una mano en la delgada y torneada pierna de Lily, sin percatarse de que lentamente iba subiendo.

Lily estaba completamente sumergida en Shane, sintiéndola, probándola con avidez cuando algo en ella empezó a resonar, una alerta de su consciencia indicándole que parasen, que no fuesen más allá. La mano de Shane se detuvo ante un leve brinco del cuerpo de Lily, supo de inmediato que se había dejado llevar demasiado ante los límites nuevos que la rubia le había marcado cuando ésta le empujó suavemente con sus brazos para separarse.

Lily rompió el beso, recuperando el aliento, furiosamente enrojecida.

Ese momento de reposo fue una apertura de miles de pensamientos en la cabeza de la rubia que no pudo controlar. Miedo, culpa, decepción. Tantas cosas vibrantes que habían disparado ese beso convertidas en rememoraciones de eventos y sentimientos del pasado. James, y su padre. Su corazón sintió dolor cuando se dio cuenta de todo lo que se había dejado llevar, y que aún era incapaz de procesar por la culpa que cargaba por su difunto novio, y por el terror que suponía ser tocada y lastimada como todos aquellos años en donde aquél demonio la violó incontables veces.

Incapaz de mirar a Shane, unas lágrimas se colaron en sus ojos, intentando ahogárlas todo lo que se pudiese, y reacia a quebrarse ante su acompañante quién la miraba ahora con preocupación y confusión, no habían palabras que se le ocurrieran decir ante aquella explosión inexplicable en la que se encontraba Lily.

-Vete.-Rogó Lily con un hilo de voz entre leves jadeos que delataban su sofoco, aún sin levantar la mirada. El temblor de su mente inundando su cuerpo la dominó mientras los recuerdos y su consciencia la torturaban.-Lo siento… Por favor, vete...



 

 






















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