domingo, 29 de noviembre de 2015

El Pacto. Cap 22. Un deseo.


   Hola yurifans, pues acabo de leer en el cbox, que Aru está con la prpóxima entrega de delirium espero que sea así para ya seguir con esa continuación que a muchas nos mata de ansiedad (si, yo, unida al club de las exigentes de delirium en silencio jajaja ).

   ¿Como la van pasando estos días? En México el país patas arriba, aunque muchas tagedias mundiales ultimamente y yo por fin con ánimos de seguir lo que continúa en mi me4nte cansada y agotada mentalmente. 

   Un beso y un abrazo muy grande y dejo este pedacillo de materila por aquí :)



Cap  22   Un deseo.

   Los días siguientes fueron de total abandono. Ni sara ni Jessie podían verse, aunque sabían de sus presencias mutuamente. Ni Jessie entendía que iba pasando con su cuerpo, ni Sara podía explicarle absolutamente nada porque no sabía que ocurría con ella la mayor parte del tiempo. Mas bien parecía que se encontraba muchas veces de mal humor y enfadada con todo mundo.

-  No entiendo nada  - susurró Sara mientas se mesaba los rubios cabellos – Estoy enloqueciendo...

   
El ruido de su teléfono sonando en el pequeño escritorio le hizo olvidar por un momento lo que estaba ocurriendo. La voz de Diego sonó profundamente preocupada al otro lado de la línea. Sara no se había presentado a trabajar en una semana y los socios de las junta directiva se empezaban a mostrar preocupados, tanto que habían convocado a una junta urgente ese mismo día en forma secreta y Diego se había enterado por un leve susurro que escuchó cuando iba hacia la oficina de un socio en común, haciéndose el desentendido cuando ambos hombres salieron del despacho particular. La cara de Diego no mostró señal alguna de saber acerca de que hablaban ambos individuos. Después de todo era improbable que pudiera escucharlos. Así que Diego no tardó en comunicárselo a Sara. Ella colgó el teléfono un rato después y habló con Momo, sólo para enterarse de que posiblemente Diego tendría esos efectos por un tiempo más. Un oído supersensible en áreas muy cerradas.


   Dió un suspiro largo y profundo. Quería saber. Por primera vez quería saber que pasaba en esos momentos. Su corazón dió un vuelco en ese instante dentro de sí, su sangre emocionada golpeaba con fuerza en las paredes de su venas. Adrenalina corriendo en ellas, adrenalina desatando ese sin fin de emociones que no podía controlar. Una sonrisa asomó a su rostro tantas veces frío y le dió un aire perverso que pronto se ocultó bajo la mirada de siempre.

- ¿Momo?
“¿Si?”
- ¿Qué necesito? Dime qué es lo que necesito para no olvidar esos momentos. Para recordarlos y tenerlos en la memoria una sola vez siquiera.


   Una risa hizo eco en su mente y sintió un ligero escalofrío recorriéndole la piel. Sabía que Momo respondería sin dudar, pero ella ahora dudaba de la pregunta que había hecho.

“Me temo que eso no es posible, Andreakis.”
- ¿Qué quieres decir?
“Una vez que seas consciente de lo que está pasando, perderás todo.”
- ¿Todo?
“Ella te olvidará y tú la olvidarás en consecuencia.”
- No entiendo...si estoy queriendo recordar todo ¿cómo puede perderse?
“Recordarás todo, pero el pago es aquello que amas. Todos tus recuerdos con esa persona serán míos, todo lo vivido será parte de mi memoria únicamente. Tomaré cada uno de tus momentos felices y te dejaré tortura y vacío. Tomaré cada fragmento de placer y dicha y te dejaré soledad y tristeza. Tu vida es mía Andreakis, es el pago por tu libertad. Es el castigo por romper este pacto de vida.”


   Sara quedó en silencio unos momentos mientras repasaba una y ota vez las palabras de Momo.

- Eso quiere decir, que perderé completamente mi memoria...
“No. Eso quiere decir, que únicamente te quitaré aquello que mantuvo tu deseo de seguir con vida. Ni ella ni tú, serán capaces de recordarse. Sabrás que el hijo que espera es parte de tu familia, pero no recordarás nada de ella y esto aplica para todo lo que te rodea. Ella nunca existió para tí y tú no exististe para ella. Incluso ese pequeño contrato falso de trabajo que realizaste tan magistralmente lo borraré.”
- Entonces da igual si quiero recordar o no, no conseguiré ventaja alguna ni podré disfrutar de lo que sigue – susurró ella en forma seca.
“Oh, eso no es del todo cierto, Andreakis.”
- ¿No acabas de decir lo contrario, Momo?
“Eso sólo aplica a tu motor de vida actual. Te concederé la dicha de recordar todo lo que siga hasta el momento antes de que duermas esa noche. Recuérdalo bien. Una vez que duermas, todo desaparecerá y será un nuevo comienzo, un nuevo despertar.”


   Sara quedó en silencio una vez más mientras miraba su reloj de pared. El segundero avanzaba sin detenerse. Pronto anochecería, pronto tendría que decidir. Tenía el tiempo en contra aparentemente desde ese momento. Dudaba de lo que deseaba ahora. Miro sus manos instintivamente. Sus manos la habían tocado, pero no sabía, ni recordaba la sensación de haberla tenido. Pero si decidía, aun si perdía todo en ese momento, podría recordar por unos instantes de gloria, por un momento tan sólo, esa sensación de poseerla.

- Momo...
“¿Si?” - contestó una vez más.
- ¿Puedo decidir al menos cuando quiero que esto ocurra?
“Oh, lo vas pensando bien – rió Momo – Si, puedo concederte eso.”
- Entonces lo pensaré esta noche...
“No necesitas decírmelo – contestó Momo suavemente y con cierta picardía – lo sé todo, estoy dentro de tí ¿recuerdas? “


   Sara sonrió. Era cierto. Todo lo que pasaba por su mente era un vendaval de emociones e ideas que Momo sabía sin dudar. Lo que sucedía, era que ella no sabía que pensaba Momo. Se llevó la mano a la boca para ocultar su sonrisa. Por supuesto, Momo sabía lo que ella había pensado en ese momento.


   Se levantó de la cama mientras decidía que ropa usar para la reunión que estaba planeada sin su presencia. Esos vejetes debían aprender la lección de alguna vez por todas. Rió dentro de sí.  Las pequeñas mentiras y trampas siempre eran necesarias. Agradeció en su interior que Nikos haya estado como esa piedra en el camino. Y es que en ese punto entendía que las piedras no hay que saltarlas, no hay que esquivarlas. Si son pequeñas, se pulverizan; si son más grandes se patean, pero una piedra que te hace caer en el camino te enseña a no caer por segunda vez.


   Un pensamiento acudió a su cabeza en ese momento. Una piedra más grande. Si, había una piedra más. Sonrió nuevamente. Quizá no era eso siquiera, tan sólo era un cascarón vacío.

  
   La reunión de viejos verdes estaba en su punto. Se habían entretenido en aclarar pequeños puntos de ingresos y egresos en esa reunión. Donde Diego había sido invitado con premeditación  a última hora y sin permitirle enterarse sobre lo que seguía en la agenda, aunque la mayoría de ellos parecía estar informado.


   Miró nerviosamente su reloj mientras escuchaba de los movimientos de ampliación de algunos sectores. Estaba sumido en un lapsus cuando la puerta se abrió y un silencio se hizo presente. Algunos dieron un carraspeo, otros dejaron escapar un murmullo a sus compañeros y algunos más miraban nerviosamente al orquestador del movimiento, quien sonreía casi seguro de sus  movimientos hasta ahora.


   Sara se sentó. El asiento de CEO inclusive tenía colocado la agenda de asuntos a tratar,  remarcando su impuntualidad. Ella ignoró lacónicamente a todos los presentes y empezó a revisar la agenda. No tenía caso disculparse si ya había llegado tarde, pero sonrió para si. Malcriada y tajante. Levantó la vista un momento para encontrar la mirada esquiva del  vocero de la junta directiva.

- El siguiente punto a tratar es la elección del nuevo presidente de la junta directiva.
  

  Un murmuro más grande se hizo efectivo. El vocero  fue leyendo uno a uno los motivos que suponían el cese de Andreakis S.H.  del puesto en mención, ya que el tiempo se sucesión de Stéphanos Andreakis había concluido. El gran emporio incluía algunos de los empresarios e inversores más prolíferos del país.  Sara dió un pequeño suspiro antes de seguir escuchando. Era cierto que era una inversora más, pero tenía su propia empresa la cuál atender.  Andreakis era una marca que no debería desaparecer. Así que siguió tranquilamente los puntos de los cuáles cada uno de ellos se atenía. Anotando cuidadosamente cada punto.

   La puerta se abrió  tras una ligera interrupción para dejar un mensajero entregarle una documentación a Sara, que agradeció con ligero asentir de cabeza y un suave murmullo escapando de sus labios.  La reunión seguía mientras Diego no podía quitarle la mirada. Ni a ella ni al Secretario.  El vocero terminó su largo arsenal de puntos mientras un silencioso ingreso con varios sobres en la sala de juntas se hizo evidente. Sara asintió y dos encargados más fueron depositando uno en el lado derecho de cada miembro. Uno de ellos tomó uno y se disponía a abrirlo cuando la voz de Sara se dejó escuchar por el micrófono por primera vez.


- Espere el momento indicado, señor Reynolds, le aseguro que amerita esperar, por favor.
- Qué significa esto, señorita Andreakis – habló por fin Daniels, el secretario de la junta directiva – No sólo llega tarde a esta importante reunión, sino que además...
- Oh, la reunión – contestó ella – no llegué a tiempo gracias a que en el camino aquí se me atravesó un  oso en el camino, así que tuve que darle asistencia antes de venir aquí.
- ¿Se burla de mí ? - interrumpió Daniels de nueva cuenta – No existen osos aquí.
- Tómelo como quiera señor Daniels – dijo Sara mientras se sentaba frente a ellos y sonreía. Al menos he llegado a esta reunión, imagínese si me la llego a perder. Se habría realizado un escándalo en la prensa antes de tiempo.

  
  Un murmullo primero y luego una ahogada vociferación se escucharon en algunos de los asientos.

- Bien señores, no es mi intención quitarles nada de su tiempo. En realidad tengo demasiadas ocupaciones que tomar en este momento – carraspeó lentamente y tomó un sorbo de agua antes de continuar – No es necesario que tomen decisiones para reemplazarme, puesto que no tengo intención alguna de seguir en la presidencia y venía a entregarles mi dimisión – continuó con calma y tranquilidad tras sacar un documento de la carpeta que había recibido y soltarla en la mesa con dirección a Daniels, quién la tomó presuroso para leer si era verdad.
- Pero esto...
- Por ultimo me resta decirles que junto con mi dimisión como presidente y director de la asociación, he decidido anexar el retiro de mi companía de la sociedad, ya que no tengo intención de invertir en ningún proyecto más.
- Eso es algo que no puede hacer sin una sanción – le interrumpió una voz más. Era un gordito del cuál no recordaba su nombre. No porque fuese obeso, sino por la mirada lasciva que tenía cada vez que la miraba – No quiero recordarle que la penalización por dejar todos los proyectos en los cuáles está incluida es demasiado seria y sería demandada inmediatamente.
- Puede intentarlo. Pero no tengo intención en volver atrás en esta decisión que el señor Leonti y yo hemos tomado hace unos días.
- ¿Eh? - el murmullo se hizo más generalizado - ¿Qué está tratando de decir ahora? Que dos socios de la firma se retiran? Señor Leonti  ¿que está pensando usted de todo esto!
- Estoy pensando en el futuro de mi asociación con la compañía de la señorita Andreakis, Paul. No necesito decirte cuál es más importante.
- Esto es inconcebible – porfió Daniels – Señor Whites – siguió mientras miraba a un hombre canoso sentado frente a él – prepare los documentos para iniciar las acciones pertinentes.

   El hombre asintió mientras Sara se levantaba de la silla y Diego empezaba a seguirla.

- Por cierto, Daniels – se detuvo en la puerta un momento – antes de demandarme a mí, deberías preocuparte tú.
  
  Sara salió de la sala mientras Daniels recordaba el sobre. Lo abrió rápidamente sólo para palidecer un momento. Varios se miraron entre ellos antes de abrir el contenido y empezar otra discusión. La junta directiva tendría un día muy entretenido, pensó Sara.

- ¿Qué había en ese sobre, Helena?
- Oh, tan sólo algunos fraudes de Daniels junto con otros miembros minoritarios. Después de todo, fueron en mi perjuicio, así que...tienen mucho en que trabajar – se encogió de hombros – Diego, me marcho ya. Puedes ocuparte de hablar con Kafka, querrá todos los detalles de lo sucedido y yo, estoy con la revisión de documentos aún.
- Te mantendré informada – contestó Diego mientras sonreía – No se te olvide mi cuarenta y cinco por ciento.
- Por supuesto que no señor Leontí ¿cuando le he fallado? - soltó ella con una risita.
- Lo sé, conduce con cuidado.

   Sara llegó a casa sin contratiempos. Pidió a Maria pequeños bocadillos y tener la cafetera lista para una larga noche.

  
  Un ruido le hizo despegar la mirada de los documentos que leía. Miró el reloj instintivamente sólo para darse cuenta que eran las tres de la madrugada. Era sábado ya y Jessie apenas estaba llegando. Sara se levantó del sillón sólo para mirarla entrar a la casa. No se necesitaba ser adivino para saber donde había estado y con quién. Los días que había dormido “con Jamie”,  Jessie había despertado profundamente asqueada y buscando liberarse de ese amargo sabor de boca y la sensación en el cuerpo de ignorar que había pasado y todo eso lo había aprovechado Julieta perfectamente.  Julieta, con ese cuerpo provocativo y avasallador. No era raro que Jessie cayera nuevamente en los brazos, o mejor dicho, el cuerpo de su gran amor.

   Sara apretó con fuerza su puño para controlar su enfado. Se dió una ligera caminata en el estudio y salió al balcón. La brisa del mar llegaba a sus sentidos. El olor, la sensación, el ruido de las olas. Todo ello complementaba sus pensamientos.

“¿Acaso soy yo la confundida? ¿Cómo puede estar mi mente tan tranquila y perturbada al mismo tiempo? Le amo. En mi mente y en mi pecho, se que le amo intensamente. Le odio. En mi rabia contenida y mi ira imparcial se que le amo y le odio con la misma intensidad. Le amo por haber despertado en mí este deseo infantil de tenerle, de ser dueña de un amor como el suyo, de mirar su sonrisa en cada momento y que cada mirada sea sólo para mí. ¿Tan egoísta soy? Si, lo soy. Y así como te amo, te odio Jessie, te odio con la misma facilidad que me calcina el corazón mirarte. Te odio con la misma fuerza por la impotencia ante mí, hecha mujer”.


   Sara miró las luces del auto de Julieta desaparecer en el camino. Dio un sorbo a su café cargado y caliente. Tal como le gustaba a María.

- Voy a desaparecer con este calor…

   Escuchó a Jessie entrar a su cuarto. Sara caminó hasta quedar frente a la pared contigua. Posó la mano en la pared y le habló al muro, sin vacilar un momento.


- Cuando deseamos algo, un muro de diferencia se vuelve un mar de distancia. Pero  cuando amamos a un imposible, tan sólo un centímetro se nos hace un universo en otra dimensión. ¿Entarías a mi universo Jessie? Lo compartirías conmigo al menos alguna vez?

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